“El discurso victimizante dentro del ideario costarricense. Un camino hacia la identificación con el otro “yo” y el discurso literario-popular de Costa Rica” por Ariel Bonilla Ve

INTRODUCCIÓN  

La victimización. Breve reseña del distanciamiento del “yo” cultural en Costa Rica

 porquehaysufrimientoEn Costa Rica, desde el proceso de conquista se ha establecido un aparato local político, económico, ideológico  y social en favor de los vencedores españoles, que desfavorece los intentos de lucha por parte de los pueblos autóctonos indígenas, los cuales fueron obligados a callar y por tanto a ser víctimas, cuyas quejas fueron progresivamente acalladas (Gólcher, 1993, pág. 94).

Ya desde ahí el posicionamiento de los vencedores coloniales en el control de la tierra, y así en el transcurso de la historia, la idea de identidad unificada y homogénea ha llegado a configurar al costarricense, como un objeto moldeado por un claro programa de dominación de las clases privilegiadas, y,  que ha sido invisibilidad por la escisión a sectores pobres y de la periferia urbana inclusive, sin que estos se den cuenta o que actúen bajo el conformismo y poca motivación de lucha de la propia naturaleza costarricense. Su forma es en base a una víctima, que ha tratado de ser silenciada e invisibilizada por el discurso oficial en su queja, la cual sea ser identificada e insertada de manera al menos parcial.

Algunas veces, las consideraciones del sector político con respecto a los sujetos que se quejan son de completa indiferencia e imposición de su superioridad, lo que genera en consecuencia sectores marginales, a los que al mismo tiempo no se les otorga una cohesión ni una voz; por otra parte, si se les toma en cuenta es bajo la reformulación de soluciones por parte de los propios actores dominantes, lo cual no permite a los sectores populares o marginales transicionales, los cuales desde su queja o crítica y por tanto, su voz contestataria, podrían surgir como una voz de cambio y de igualdad efectiva.

Los sectores pobres y marginales, siendo silenciados y sometidos a una queja perdida o atenuada por el conformismo, se pierden dentro del ideario o resurgen de otras maneras por medio de los discursos de vanguardia o crítica social, tales como la literatura.

En sí, “la verdadero sujeto que sufre socialmente” o “el marginado” no son  el problema principal en la cuestión del discurso de vulnerabilidad, pues como se intenta aclarar en el discurso religioso y filosófico, el que es  denominado como “víctima” no tiene una carga de responsabilidad dentro de su propia situación adversa o de inadaptación; sino que es la generalización de ese fenómeno de victimización, el cual permite la salida de esas voces de protesta de manera errónea, debido a que al ser expuesto a lo adverso  incluye dentro de su ideario y situación  la propia incapacidad de sus acciones dentro de la sociedad para hacerse cargo de sus problemas por causas que están fuera de su dominio.

La falsedad de la víctima en la actualidad abarca matices erróneos, debido a que el que el sujeto, por condición propia o factores de moldeamiento como los medios de comunicación, extiende este nivel de incapacidad de lidiar con sus responsabilidades a cualquier ámbito de su vida, aún cuando las situaciones de las que toma el rol de “pobrecito” son mínimas o son consecuencia de sus malas decisiones y acciones.

Es así como el factor de culpa se atenúa y ese “yo” desea ser escuchado por el otro, con el propósito de mover al otro para proporcionarse algún beneficio, por la utilización en el discurso de la falacia ad misericordiam y la utilización de la humildad mediante el uso de palabras sencillas o genus humille. Todo esto lleva al costarricense a hacer más claro su pasividad y holgazanería, pues ya ni siquiera desea enfrentar los problemas y prefiere encontrar la solución fácil, por medio de la reivindicación de su condición por alguien más y por tanto, la carga de su culpa.

La degradación de los ideales o valores costarricenses son producto directo de esta “extrema victimización”, que abarca tanto la formulación ideológica del sujeto como a nivel de la cultura, conformando así lo que E. Cross define como un “texto cultural” (Cross, 1997, pág. 25). Estas voces de victimización errónea y pérdida de estímulo luchador se consolidan mucho mejor con la difusión de los medios privados de comunicación que vienen de México y de Estados Unidos. Estos mismos no sólo promueven enmarcan la pobreza de estímulo e inteligencia del que están hechos, sino que además y por encima de todo, incorporan falsas concepciones exteriores de victimización, promoviendo así la creencia errada de una victimización.

Asimismo, los medios de comunicación enfatizan el aspecto negativo del que sufre, pero no pretenden necesariamente que estos salgan de su situación por sí mismos, porque alegan que las soluciones podrán llegar solas con sólo enunciarlas, pero que oculta el proceso de conocimiento de su situación real y la superación de los verdaderos problemas que los aquejan.

Ejemplos de lo anterior son las novelas, los medios de prensa y los programas, lo cuales generalmente vienen del extranjero y que sitúan al costarricense en una posición de atenuación o negación de su realidad inmediata, como los son “Bailando por un sueño” o “La Rosa de Guadalupe”. Es claro el objetivo, pues la no superación de la situación de la que se es víctima o marginado junto con la intensidad del aspecto de la queja irracional se conjugan para producir el agravamiento del problema y la no incorporación de estos sectores dentro del discurso.

Ciertamente, la forma en que se traduce el proceso de dominación comienza desde la familia y pasa al marco educativo, el cual se moldea por medio del discurso oficial que victimiza aún más a poblaciones no incluidas dentro del argumento oficial. Es así que se propone reformular de alguna manera la educación en Costa Rica, intentando incluir a otros sectores por medio de su incentivo para la creación de programas que cuestionen “la asistencia” de los programas de la política en auge, destacando de previo un conocimiento de la realidad y el contraste con ese discurso oficial.

Por tanto, el objetivo principal de este trabajo contemplará la idea central de interpretar el discurso de la victimización en el ideario del costarricense, con el fin de con el fin de establecer un modo efectivo de identificación con el otro para insertarlo en el  discurso oficial, por medio de unas bases críticas que eduquen sobre el fenómeno y traten de darle soluciones reales.

Además, como bien se explicará dentro de este estudio, se alcanzarán como puntos secundarios el perfilar el sujeto cultural del discurso de victimización costarricense en el constructo de la identidad ad Misericordiam y el discurso del genus humille para identificar los mecanismos implementados del sujeto que sufre una situación adversa. Esto incluye identificar, en el discurso oficial político y religioso,  la invisibilización de sectores populares y minoritarios, con el fin de interpretar el rol de la víctima y su función dentro de estos dos ámbitos.

Luego de lo anterior, se proseguirá  por interpretar el  discurso de “la marginalidad” nuevamente, pero esta vez más específicamente en el texto de “Adelante” de historias de Tatamundo, y en “Escomponte, Perinola”, hasta su generalización en medios de comunicación, para entender los efectos y reacciones del costarricense ante la voz de la víctima hasta sus alcances más extremos.

También, es indispensable forjar desde estos núcleos los conceptos de “víctima” y lo que implica la responsabilidad social en términos de saber distinguir entre situaciones apremiantes para “el abandonado” y el incentivo a la lucha; en contraposición de las que no son agentes de victimización y que más bien, son producto directo de las malas decisiones del sujeto o de un grupo. El estudio literario y artístico, con lo que se propuso anteriormente, es una herramienta indispensable para la criticidad del individuo en estos casos, que se contrapone a la visión de los medios de comunicación.

En síntesis , los diversos marcos de investigación contemplarán aspectos como el discurso religioso-filosófico  del necesitado , la caridad y misericordia, la política, la creación literaria y la crítica social que hacen converger el discurso religioso con el político imperantes y finalmente, el ámbito educacional como herramienta para la reformulación de estos textos para incluir de manera activa a los sectores victimizados, quienes pueden levantarse por medio de mecanismos de transición y bajo un sentido de la responsabilidad.

Diferentes posturas y reflexiones de “los que sufren” 

Entre los aportes bibliográficos se han considerado diversos temas que sirven para construir el ideario de la persona que ha sido víctima: Entre ellos tenemos en el área de la política, más específicamente en el área de la marginalidad en Latinoamérica  al estudio del Instituto Ecuatoriano para el Desarrollo Social (INEDES, 1972) titulado “Hacia la Superación de la marginalidad”, algunos comentarios de Roberto Bergalli ( sobre los flujos migratorios, en donde interesa la opinión que rinden los grupos dominantes en el discurso oficial a los sectores populares.

En el caso de estudio de Costa Rica, se toma como referencia el estudio “Reflexiones en torno a la Identidad Costarricense” de Erika Gólcher (1993), así como los mitos en torno al costarricense en el artículo de Magda Zavala “La cultura costarricense: entre los mitos nacionales y la “miamización” (1994), que también servirá para englobar junto a “La Cultura del Pobrecitico” de Paul Thomas Claudet (1992) el tema de los medios de comunicación y el enfoque educativo actual respectivamente.publico

Dentro del espacio religioso se toman ciertos apuntes de retórica así como el discurso filosófico de carácter religioso de P. Ricoeur (1986) “El mal: desafío a la filosofía y a la teología”, el cual muestra una explicación bastante completa que se adjuntará a comentarios de texto como su evangelista San Agustín o el de Ambrosio de Milán en cuanto a la defensa de la naturaleza y la palabra de Dios y la expresión sencilla en favor de los cristianos martirizados por las injusticias.

Ya en cuanto al marco literario, se han presentado estudios que constatan el carácter de Dobles y Lyra en cuanto al papel de la víctima. En cuanto a Dobles, se presenta como fuente el artículo “Literatura y producción audiovisual en Costa Rica: el caso de Fabián Dobles (2011); así como el libro “Historias de Tatamundo” (2006), cuyo prólogo hecho nada más y nada menos por Issac Felipe Azofeifa aporta interesantes datos alrededor de la lucha de Dobles por los más desafortunados y como el “Cuento Adelante” rompe definitivamente junto con “El hombre de la Pierna Cruzada” el paradigma de la víctima. En cuanto a Carmen Lyra, se ha consultado su carácter en el artículo “María Isabel Carvajal” de Contreras y Villalobos (2001), sobre interpretaciones de “Los Cuentos de mi tía Panchita” el libro “El Pozo encantado. Cuentos de mi tía Panchita de Carmen Lyra” de Odilie Cantillano (2006).

Enfoques del argumentum ad misericordiam: El sujeto cultural y la evocación del texto bajtiniano

Dentro de este proyecto, se tratará la temática de la victimización desde la perspectiva política, religiosa, educacional y social con relación a la creación de productos culturales en materia literaria. En algunos aspectos, se hará un enfoque en términos muy generales como en la política; mientras que en tópicos como la religión y los textos se profundizará mucho mejor con el fin de entender la concepción tanto objetiva como subjetiva de la cultura del “pobrecito”, y en casos más extremos como “el marginado”.

La problemática radica en cómo se perfila “la víctima” prototípicamente verdadera para generar el fenómeno de la generalización victimaria, la cual es impulsada desde una educación evasiva o enfática en lo negativo y reforzada por aspectos de los medios de comunicación. La voz de la quien padece se deforma o se silencia, mientras que “el drama trágico” parece permear el clima social aludiendo a una falsa víctima, aquella que desde su “yo” es culpable y desea evadir responsabilidad moral o solucionarla mediante la asistencia del “otro yo” cultural; o, ser un sujeto pasivo, sumido en el silencio y el conformismo debido a su misma carencia de espíritu luchador.falsa_victima_by_escritordeluz

La hipótesis se propone en función de la ejecución de  un plan de acción educacional integral, que cambie la visión de la víctima, conceptualizandola y dándole las herramientas para superar ese estado, y diferenciarla al mismo tiempo de la “victimización deformada” o “generalizada” que parte de la desmotivación del sujeto para poder asumir su responsabilidad, o bien, sus culpas.

Las reacciones en cuanto a la víctima prototípica corresponden a soluciones para contrarrestar la victimización son: a) la identificación activa del sujeto victimizado con el receptor; b) la identificación pasiva o parcial; y c) el rebajamiento y burla, que se proyecta como distanciamiento total con el “otro yo”. Esto se analiza en el discurso literario de Fabián Dobles y Carmen Lyra.

En sí, el tema de la victimización ha sido sumamente tratado, aunque, no ha sido desarrollado en textos de cultura tal y como se plantea dentro de este trabajo. A pesar de lo anterior, se consideran valiosos aportes, expuestos ya dentro de los antecedentes. Dentro del contenido expositivo, el trabajo utilizará dos enfoques: “El Sujeto Cultural” de Edmond Cros (1997) y “La Cultura popular en la Edad Media y el Renacimiento” de Mijail Bajtin (1987).

Mijail Bajtín

Mijail Bajtín

Acerca del primero, se enfatizara en la explicación de la teoría del “yo cultural” (el sujeto como productor de cultura que imprime una historia y por tanto, un contexto dentro de su texto, sobre todo de matices literarios) y los pares contrarios del “bien y el mal”, específicamente en la implicancia del sujeto según su carga de culpa dentro de la situación que lo aqueja; mientras que en Bajtin se hará alusión primordial a la construcción del texto cultural en donde el autor es un mediador de las voces enmarcadas de su contexto y otros que confluyen para dar “múltiples significaciones semióticas”, que denotan un lenguaje dialógico.

Para coedmondmplementar estos dos enfoques, se ha recurrido a la tarea de buscar textos complementarios que expliquen la temática de la victimización en Costa Rica desde un punto político económico, en cuestiones de identidad del costarricense y mitos tropicales de “miamización” (término que se empata con los medios de comunicación), aspectos filosóficos que engloban características del sujeto que es víctima de una acción y su diferenciación religiosa con el pecador, aunque estas líneas aún no han sido conciliadas (Ricoeur, 1986).  Asimismo, en la parte literaria, se han hecho varios análisis tanto de las obras de Fabián Dobles, como de Carmen Lyra, los cuales son voces contestatarias y también serán interpretadas dentro de este texto.

La construcción identitaria del sujeto que padece. Términos aclaratorios

Con el propósito de ordenar las explicaciones en relación al tema y anular vacíos conceptuales, imprescindibles para la comprensión del tema en general. Algunos de estos tópicos fundamentales para el tratamiento de la exposición son: victimización, marginalidad, discurso religioso de misericordia y caridad, discurso político, contratexto literario costarricense, perspectiva en cuanto a la víctima de medios de comunicación, inserción de las voces victimizadas en la educación.

La victimización se perfila a nivel filosófico-religioso como el hombre como receptor directo de un acto cometido por un agente del mal, cuya emisión de la pena se expresa en un grito de lamento y no una respuesta a algo que haya causado intencionalmente este y por lo cual se sufre injustamente. Además, la víctima es aquella que se constituye en menor grado de resistencia a las adversidades, y más específicamente en el caso del tico, expone un discurso que capte la identificación con el otro, expresando su vulnerabilidad ante el desamparo.

La base de los argumentos de una víctima se expresa bajo la modalidad dialógica entre el “yo” cultural y el “otro” por medio de mecanismos que lo hagan ver como un ser reducido por un entorno adverso. Tal mecanismo argumentativo es el de la falacia ad misericordiam y el genus humille, muy utilizado en los discursos de defensa cristianos de la antigüedad y la Edad Media, tales como los de Ambrosio de Milán y el texto “De doctrina Cristiana” de San Agustín, en donde la sencillez y la humildad argumentativa se conjugan para entender la perspectiva de un Dios y que no se incurre necesariamente en lo inculto al utilizar técnicas persuasivas.

Estas bases se plasmaron, en Costa Rica,  desde la época de la colonia, en el adoctrinamiento y la unificación identitaria por medio de valores cristianos como la compasión y la caridad como medios de entender a los factores menos favorecidos, aunque rebajándolos y distinguiéndolos de un “yo cultural” ocultamente (burla, rebajamiento).

El acto de la caridad o la misericordia, como parte de la respuesta idónea a la víctima se sostiene no solamente de un acto de amor y generosidad para con el prójimo, sino el cómo de brindarle herramientas de crecimiento espiritual que aumenten sus capacidades de resistencia en el mundo, al poder sobrellevar su vida de manera plena.

Por otra parte, el discurso político oficial es una construcción ideológica que permea los intereses de las clases dominantes o privilegiadas, por lo cual esta construcción puede llevar a formulaciones discursivas que invisibilizan al “yo cultural” victimizado, lo cual lo margina. Generalmente, se alude a malentendidos entre las dos partes que se arreglan mediante una negociación o programas de asistencia a sectores populares que se originan desde el mismo estatismo y que no hacen a la víctima superarse por sí mismo, intensificando aún más el sentimiento de superioridad.

Los demás conceptos como los de la perspectiva de medios de comunicación, el género de vanguardia literaria (Carmen Lyra, Fabián Dobles) y la educación se deducen de los anteriores temas, que desarrollaremos ampliamente.

El discurso religioso: Perspectiva cristiana de la víctima, el mal, la misericordia y la caridad

El concepto de víctima reside de la concepción del mal y sus efectos en el individuo, partiendo desde las concepciones religiosas y el discurso filosófico del judeo-cristianismo. El mal en sí mismo, así como su definición en términos ontológicos es difícil de tratar y aún en términos de lo que se define como “el que es víctima” no se ha definido completamente por no precisar su grado de implicación maléfica dentro de una acción, y si recae en él  una carga de culpa causante de su situación de agobio e impotencia, con lo cual también se evoca a Cros (1997:33) en cuanto a “la ambigüedad del bien y el mal”. En este sentido, para Ricoeur (1986:4-5) la víctima se define “…en oposición con la acusación que denuncia una desviación moral, el sufrimiento se caracteriza como padecimiento y contrario al placer…como disminución de nuestra integridad física, psíquica y espiritual.36fdb1a35cd2f54f95cf2119fb5bc7ed_L

En fin, el reproche y el sufrimiento, se opone al lamento, porque si la falta hace al hombre culpable, el sufrimiento le hace víctima: este es el reclamo del lamento”. Se agrega igualmente que, aunque “no se hace llegar, afecta” y que se presenta en diversas situaciones causantes como “adversidad de la naturaleza física, enfermedades y debilidades del cuerpo y del espíritu, aflicción producida por la muerte de seres queridos, perspectiva horrorosa de la mortalidad propia, sentimiento de indignidad personal, entre otros (P. Ricoeur, 1986:4). La inconmensurabilidad del ser ante las vicisitudes humanas, tal y como una tragedia, comienza por una mirada a Cristo, para darse cuenta que también necesita del otro, pues su voluntad ha sido desgastada.

Todas estas situaciones tienen como propósito dar una perspectiva del individuo como alguien disminuido, el cual se encuentra en un lugar adverso y más grande de lo que es capaz de manejar o resistir, por lo cual recurre a dialogar con el otro. En sí, el individuo no es solamente el generador de esta situación de perspectiva alarmante en cuestión a su rebajamiento, sino que en la colectividad, el sujeto es tratado como oculta o explícitamente como alguien rebajado y que es disminuido por la ignorancia o la burla hasta llegar al extremo marginal. Desde la perspectiva cristiana es “un necesitado” o “quien pasa por una prueba para probar su fe, por parte de un Dios que es justo, pero  que, en su ambivalencia,  tiene un propósito para su vida”. Es así como el sujeto cultural  siendo no incapaz de resolver su situación por todo lo anterior y desea ser reflejado en el otro, por su condición interna, bien como lo dice Cross:

“En la fase del espejo,  Ego se forma a partir de la imagen del otro, es una concentración de imágenes expedidas por el otro.” (E. Cros, 1997:19).

La retórica, en términos de definición, se perfila como un sistema que logra captar la atención de ese otro por medio de técnicas persuasivas. Para  ello utiliza ciertas herramientas que se ubican dentro del campo de la defensa retórica cristiana, más específicamente la implementación de la falacia ad misericordiam y el genus humille.pulpit18

La falacia ad Misericordiam  procura insertar una fortaleza que respalde el discurso, pero que en realidad se observa con detenimiento como una forma débil y de respaldo fácil por deducciones incongruentes y conclusiones erróneas , ya que se apela al sentimiento, a lo religioso enmarcado en el individuo que se manifiesta para generar a la generosidad y preceptos morales. Este tipo de falacia se categoriza dentro del discurso judeo-cristiano de los primeros evangelistas como “la oratoria viva del sermo humillis. Tal género retórico enfatiza desde sus inicios “la dialéctica de lo humilde y lo sublime surge de la esencia misma de la encarnación del Verbo Divino en su máximo grado de sublimidad en la humildad” (Murphy, 1988:45). Sin duda, sus cualidades radican en la puritas y la perspicuitas que admiten un estilo llano y sencillo (Azaustre-Casas, 1977: 81).

Una vez que este discurso surte sus efectos en el “otro” ,desea ser comprendido y asimilado por este y lo logra, si este se apiada de él y le concede la misericordia por medio de un acto de caridad; o, en el caso de ser alejado de ese “otro yo”, incurre en un acto de alienación o burla.

Al enfocarse en el aspecto del acto de caridad o de misericordia, el sujeto cultura se unifica con el otro yo por medio de un apoyo generoso. A partir de esto, se ha analizado que, desde el período de la Colonia, la unificación y la búsqueda de una identidad debían materializarse por una serie de concepciones religiosas venidas de la incorporación de los valores de este discurso religioso, que a su vez parte de esa “verdad revelada por Dios”,, como una muestra de amor y fe por parte de los fieles. En sí, la perspectiva del acto de la misericordia se engloba por:

“…el espíritu religioso instaurado enriqueció  la visión eclesiástica y la conformación de la Iglesia por medio de la acumulación de capital. La misericordia y la caridad, las virtudes más apreciadas de la época, eran precisamente las ofrecidas a los cristianos por las fundaciones piadosas como un camino ideal para, según la concepción de la época, poner el alma “en carrera de salvación”, presión que se hacía más intensa frente a la muerte. En ese momento, alcanzar la gloria y la vida eterna reduciendo, en la medida de lo posible, la estancia en el purgatorio, hacían que el cristiano olvidara las preocupaciones terrenales y mostrará su generosidad destinando sus bienes materiales a la obtención de su beneficio espiritual.  (Martínez,  M. del Pilar, 1996,   El crédito eclesiástico en Nueva España. América Latina en la Historia Económica, [06], pág. 10).

Habiendo considerado el enunciado anterior, se afirma todavía más aquel desafío que enuncian es la dicotomía del bien y del mal, tanto en la víctima como en el que ejerce un acto de generosidad.

El que padece de un mal, como ya se dijo, puede generar confusión dentro de su propia situación, ya que puede ser el pecado y subsecuente castigo aquello que es observado por otros; o, el mismo hecho de sufrir radica en algo más externo y lejano que no se ha buscado. Por otra parte, esa misma intriga la genera el acto de caridad que nace de un sujeto agente o ese “otro yo”, que no sólo parece desear el bien de la víctima, sino que podría incluso tener algo de mal, si lo hace por conveniencia, tal y como lo hace la misma Iglesia Católica o el generoso.misericordia1

El mal se implica aún más claramente en cuestiones de la indiferencia o burla  de ese otro a ese “yo suplicante”, lo cual transforma la identidad subjetiva o habitus del “ahora marginado”: Su capacidad de acción se percibe de forma vaga o nula, como producto del no poder llegar a obtener aquello que desea y ni siquiera de parte de aquel que, según la moral, debe reblandecer su corazón, amando al prójimo de verdad y demostrando los valores instaurados por Jesucristo en la tierra.

De acuerdo con esto, el costarricense se conformó bajo estos y otros valores que fueron fortalecidos por la aparición de la Virgen de los Ángeles, la cual es símbolo perfecto de la caridad y la misericordia y la incorporación de la bondad y el “hacer el bien” dentro del seno familiar (Gólcher , 1993:94). Estos valores fueron, al mismo tiempo, avalados por el Estado-Nación que emerge; no obstante, están previamente adaptados para no realzar al sujeto pasivo que padece de esa situación, por medio de herramientas que realcen su motivación de superarse y surgir integrándose de forma activa en la sociedad y como alternativa discursiva detonante de la misericordia y la caridad. Este tema se explicará con mayor detenimiento en el siguiente apartado.

En síntesis, el discurso religioso de la caridad real por aquel que padece en verdad de una situación alarmante ha sido deformado o silenciado, conforme a la degradación de los valores en el núcleo familiar, la educación y el entorno social, los cuales caracterizan desde hace mucho tiempo a los costarricenses.

El discurso oficial político como mecanismo de atenuación e invisibilización de los actores más desfavorecidos

Como bien se dijo desde un principio, la victimización y la marginación surgen como situaciones de “no cambio”, en donde el sujeto dentro de su propia perspectiva se siente incapaz de una superación progresiva. Por ende y dentro de un proyecto de gobierno, tal y como lo es el Estado-Nación estos deben ser incluidos para ser empoderados por las voces que tienen más resistencia o que pueden ayudarlos pues poseen las herramientas de asistencia para una transformación definitiva para estos sectores.

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Para la formación de un Estado- Nación se ha predispuesto un espacio geográfico  y otras instancias como la lengua que son compartidas por varios grupos, lo cual “hace que se asegure el desarrollo de una identidad”. Asimismo, algunos objetivistas sostienen que el unificarse bajo ciertos dogmas de la religión justifica la unificación de un pueblo con una misma percepción del mundo y de Dios como centro de tal pensamiento. La definición de “identidad nacional” se presenta en el artículo de Shirley Montero (2008), titulado El perfil de la auto-imagen en la literatura costarricense y el discurso de la posmodernidad latinoamericana:

“El concepto de identidad nacional costarricense es el producto de un arduo esfuerzo por narrar, por medio de la literatura y otras prácticas culturales como el periodismo, un discurso unificador, verosímil, que genere en cada individuo ese sentimiento de recíproca pertenencia al grupo. Dicho discurso oscila entre el recordar lo que se tiene en común y olvidar lo que separa” (Montero, 2008: 9).

Cross también propone esto en su perspectiva de cultura en general, recordando a L. Althusser:

“La cultura no es un concepto abstracto…sólo existe a través de sus manifestaciones concretas, es decir: 1—El lenguaje y sus diversas prácticas discursivas, 2—el conjunto de instituciones y prácticas sociales; y 3) su particular manera de reproducirse en los sujetos , conservando, sin embargo, idénticas formas en cada cultura.” (Cros, 1997:10).

Por medio de la “nacionalidad”, la homogeneización desea proponer una sociedad que olvide toda clase de diferencias y convicciones ajenas a las de la práctica identitaria. Debido a esto se reúnen una serie de requisitos en los individuos, como lo es el compartir una misma cosmovisión y prácticas materiales que aseguran la supervivencia de esa identidad “nacional” (Gólcher, 1993:92). Sin embargo, esta unificación puede llegar a constituirse como una homogeneización, ya que inevitablemente “el clasismo obligatorio que reside en la unificación de una población determina inclusive, la elección de una clase que será dominante y moldeara el discurso de forma estratégica para que otros sectores también acepten sus condiciones” (Gólcher, 1993:93), por medio de argumentos previamente planeados y que pretenden más allá de un contenido superficial, el ocultamiento de una intención que podría ser el único beneficio para estas clases privilegiadas.images (1)

Muchos estudiosos tales como R. Bergalli (2006), quien expone en su libro “Flujos Migratorios y su descontrol” que la pluralidad es simplemente un cuento y que no puede existir algo híbrido, a menos que sea sincrético para una justificación de cierta posición política en auge. En realidad se promulga que hay dos posturas en cuanto al “lamento”, las quejas y las peticiones de crecimiento e integración de los sectores migrantes (grupos que vienen del exterior y están en mayor desventaja y escisión del proyecto de discurso legitimado que los grupos en desventaja autóctonos): a) la intolerante, la cual no entabla una postura de diálogo y se enfoca en acallar los problemas; y, 2) la tolerante, la cual ciertamente no genera una marginalización, sino que el conflicto entre el discurso oficial y el popular o de exclusión social  se reduce a “malentendidos y discrepancias argumentativas, las cuales pueden ser olvidadas por medio de negociaciones y acuerdos entre partes” (Bergalli, 2006:2).

Sin embargo, y con respecto a la “postura tolerante” que promulga este analista,  este ofrecimiento de esperanza, de seguridad y de apoyo se traduce en programas que no permiten el desarrollo y el descubrimiento activo de sus habilidades y su empoderamiento por parte de los sujetos desde su identidad subjetiva hasta lo colectivo, porque sus asistencias “se originan desde el mismo estatismo de la maquinaria estatal por medio de programas de tipo, las cuales sólo resuelven las necesidades de una parte de la población víctima de varias situaciones, dejando insatisfacción de la demanda” (INEDES, 1972: 25, 27).CLASES SOCIALES

El conformismo o el silencio puede ser el resultado de la insatisfacción por el diálogo o por satisfacción de las necesidades más apremiantes de estos sectores, con el fin sofocar sus intentos para ser una “alternativa” ideológica. No se hace esperar, tal y como afirma Cros (1997: 98) cuando dice que “en toda identificación del sujeto con Otro hay una carga potencial de agresividad que puede convertir a mi doble en un rival un enemigo. La fascinación que ejerce el doble puede en cualquier momento vivirse como amenaza”.

Además, hay que considerar que para el Estado, estos grupos no presentan un desafío a menos que se levanten, y se presupone que no harán eso  por ellos mismos por carecer de una integración grupal objetivada por medio de algún principio de unidad compleja, de herramientas (recursos como tecnología, dinero, materias primas, etc.) y medios de iniciativa activa. Todas sus posibilidades de salir de su situación y pasar a un plano transicional, se anulan por la posesión absoluta de esas “cosas” en los estratos más altos. A su vez, la realidad de la cultura de cada estrato es diferente en menor o mayor grado y  retomado de diversas maneras, según sus intereses comunes (E. Cross, 1997:10).

Si bien se podría alegar que este discurso oficial incluye un sistema de valores, se rige bajo las conveniencias implícitas de la legitimidad política del régimen económico en las que se enmarcan estas clases. Los recursos suficientes y ciertas condiciones requeridas hacen que sólo ciertos sujetos poseen la potestad de decidir y otorgar algún poder de acción a otros individuos que tienen menos o que carecen de cualquier capacidad de surgir, pese a sus aspiraciones o expectativas.

descarga (2)En Costa Rica, el proyecto de nacionalidad y unificación se formó desde temprano, desde el centro del país y sus concepciones de mundo, dejando por fuera la periferia y sus focos de miseria, así como también a las zonas de puertos, que por su distancia y aislamiento se veían como otros. Hay, sin duda una escisión de esos sectores que aunque están inclusive dentro del mismo Valle Central, se tornan ajenos a ese “yo” ya preconcebido, que los aleja y que al mismo tiempo deben reconocer. Bien lo dice Yolanda Oreamuno, en el repertorio centroamericano, en torno a los “Mitos Tropicales” (1938):

“…en Costa Rica las mujeres son bonitas, demasiado bonitas (puede continuarse usando para la propaganda); indios, hay unos tres mil que viven en el interior de la República, no conservan ritos exóticos y, aunque algunos hablan dialecto, todos hablan español…” (Oreamuno, 1938)

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Esto también se equipara con la concepción de mito que engloba la nacionalidad costarricense en “La Isla que somos” de Isaac F. Azofeifa (1971):

El nombre del país es paradojal, pues su vida no está en las costas, que las tiene en ambos océanos. Y estas costas son más pobres y abandonadas […] la vida de Costa Rica se concentra y se desarrolla en el encierro de un valle intermontano o Meseta Central, nombre con el que está bautizado en las geografías escolares” (Azofeifa, 1971:1).

Como referencia, se especifica el prototipo de víctima: El de la pobreza, el cual en lo literario engloba al arquetipo del  “campesino”, que representa a los sectores populares, a la clase obrera-pobre, abandonada y relegada al trabajo arduo de la tierra; sin embargo, el paradigma de la víctima engloba diversas colectividades: los indígenas, los grupos migrantes, los pobres, los desempleados, las mujeres, los discapacitados y otros. Cuando estos no son ni siquiera escuchados hablamos de marginación en toda la extensión de la palabra; pero, en sí mismos, todos se materializan en el “Otro”, aquello igual que no se quiere ser, que un “Yo”, al mismo tiempo,  ha decidido distanciar y no permitirle opciones para acercarse. Inclusive, se podría hablar que los procesos económicos capitalistas, la globalización y la conformación de antivalores corruptos provocan grupos problemáticos como “los criminales”, a los cuales en varios juicios se les ha catalogado como víctimas del propio desquiciamiento estatal.

Al analizar estos textos detenidamente, podemos ver conforme las teorías de Bajtin como se intenta hacer protagonistas a estos que han sido marginados por medio del mecanismo de contra texto (el mensaje implícito intenta evocar a las voces que han sido silenciadas por el sistema), donde confluye con las raíces de “lo imperante” (el discurso de la política se ha insertado de forma estratégica en la educación y por tanto, su manipulación y conocimientos han sido bien delimitados por el Estado, que ha decidido ignorar o evadir las diversas perspectivas de los grupos que se vuelven a la exclusión por su propia voluntad).

El costarricense se deja persuadir por el encanto de aquellas clases sociales altas que le han prometido unificarlos y compartir su visión de mundo, llena de calor, comodidad y seguridad. La esperanza del marginado una y otra vez es acallada o sometida a “estar contenta con lo que le ofrece el gobierno”, que dentro de su mensaje de asistencia o ayuda, denota su control total  y su superioridad violenta. Algunas veces, simplemente se trata de la actividad mediocre dentro del gobierno, cuando habla de un ambiente del que somos víctimas y al mismo tiempo, culpables por no reaccionar o porque este ambiente nos modela y condiciona:

“…debemos reconocer que esta posición de cómodo estatismo es nuestra culpa, “que el ambiente lo llevamos dentro de nosotros mismos y que somos nosotros los que lo hacemos, lo especulamos, y  lo mantenemos. No niega de lo anterior que haya una especie de influencia, en cualquier momento superable [conforme al empoderamiento o impulso de lucha], que viene desde la mediocridad de la cuna, la mediocridad de nuestra economía y de nuestra política.” (Oreamuno, 1938).

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La falta de lucha no parece justificada para Oreamuno, y si bien está en lo cierto en cuanto a la causa del problema, no presenta ninguna solución y por tanto, sólo enfatiza lo negativo. El texto no sólo enmarca las voces prototípicas, sino que presenta el juego del bien y el mal: la víctima debe ser defendida, pero se le enfatiza su nivel de culpa y se le recrimina por su situación, cosa que evoca lo recalcamos sobre el reto de definir el acto del mal,  en relación a la elaboración discursiva oficialista.

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Sea como sea, desde la perspectiva colonial pasando una unificación poblacional, la inserción de valores de “igualdad” (término que se restringe a una homogeneización y a un área geográfica, que son las ciudades de las cuatro provincias, y sólo aplicable a “iguales ante la ley”), de paz y  de “libertad” (parte de la manipulación discursiva por parte del gobierno) hasta “la implementación de una identidad nacional por los programas liberales y capitalistas como elementos cohesionadores de un modelo de desarrollo que termina por identificar a la sociedad con el proyecto de clase dominante” (Gólcher, 1993:96), en detrimento y rebajamiento de las clases menos favorecidas sin estas conocer el  porqué de eso que les ha venido, pero de lo que son culpables sin remedio por otorgarle credibilidad y asimilación pasiva.

Los medios de comunicación como sustitución y deformidad de la victimizacióntelevision

Los medios de comunicación tienen como objetivo informar al sujeto de su realidad circundante, siendo el ser humano incapaz de abarcar más allá de lo que lo deja al “Yo” percibir. Noguera, en su estudio del Framing en la cobertura periodística de la catástrofe: las víctimas, los culpables y el dolor (2006: 193) afirma que receptividad limitada se compensa con “mecanismos de simplicación que le ayuden a comprender la parte de la realidad que percibe mediante intermediarios”. Allí entran en juego los medios de comunicación, y en primer lugar los noticieros.

La presentación de imágenes y enunciación de palabras por parte del presentador o emisor de noticias tiene como vía la decodificación por parte de receptor, quien se presenta en las modalidades de televidente, oyente y lector de noticias. Así mismo el contenido de las noticias es llamado a convocar temas del día a día que capturen la atención del que reciba el mensaje; como por ejemplo, política, sucesos trágicos, economía, educación, el tránsito y otros, para finalmente desembocar en el entretenimiento, que engloba los deportes, la farándula y otros en menor proporción. A pesar de la ejemplificación anterior, se enfocará el presente apartado en la degradación del mensaje en aspectos de sucesos trágicos, incluyendo los irrelevantes y la ya reiterada anulación de la víctima de los sectores populares y otros excluidos aún más silenciados.

A propósito del autor del artículo mencionado previamente, este agrega que en las situaciones de la tragedia:

“…La simple presencia de un intermediario; es decir, el presentador o el medio, ya garantiza de por sí la inevitable deformación del mensaje que pudo haber recibido de forma directa […] [también proporciona] la noción de acercamiento afectivo [en este caso] entre el lector y el suceso.” (J. Noguera, 2006: 193)

Primero hay que poner en claro que, generalmente,  los noticieros se han degradado enfocando más de la mitad de sus esfuerzos en transmitir deportes y farándula, cosa que ya se debería dar en pequeña proporción; mientras sí presentan a la víctima como aquel que padece más de un accidente de tránsito, asesinato o abuso sexual, es decir, la víctima que propone sensaciones prolongadas y una carga de sentimientos fuertes como la tristeza y la cólera, para poner en segundo plano la conmiseración.

Esto va desde la caricaturización, degradación y lo grotesco reflejado en el retrato de la víctima hasta el engaño que el discurso de misericordia evoca en los emisores, sobre todo en programas como la teletón, siendo uno de los fraudes de la historia. La manipulación del público por medio argumentos que exhortan a ayudar así como la falta de rendición de cuentas distorsionan la victimización, haciéndola poco creíble con el tiempo y la escasez de resultados, así como también el pecado de la codicia con el engaño del destino final de los fondos, los cuales paran en el bolsillo de un poderoso y su beneficio.hqdefault

Otro factor, y el que se considera más importante es la poca diferenciación que hace el medio informativo de la víctima que realmente pasa por una situación grave, y aquella que por su propia carencia de previsión y responsabilidad desea ser captado y leído con las palabras y con el texto cultural que se lee el primero. A los dos se les faculta con hipérboles y cargas exageradas de dramatismo; pero, es a la “falsa víctima” a la que se le destaca más en su percepción trágica y se enfatiza en cómo ellos se hacen más sufrientes.  Entre estos se destacan las jóvenes embarazadas, los alcohólicos, los indisciplinados y estudiantes desertores, etc.images (5)

La cultura del Pobrecitico, de Pierre T. Claudet (1992), resumida por una exposición de Verónica Gómez (2012), explica esa segunda modalidad del que padece de contratiempos, diferenciándose de problemas sociales serios:

“Además de no tomar en serio el mensaje, el empleo habitual y continuo de estos epítetos de “pobrecito” y de “salado” tienen a menudo el objeto de desvalorizar a la persona misma. Desvaloriza la capacidad de los otros, demostrando a la necesidad u obligación que deben realizar. A su vez, tiene dos connotaciones: la situación de una víctima y su descalificativo social” (Gómez, 2012:4)

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La víctima de sectores populares, la periferia, aquellos que están en abandono y otros siguen sin aparecer y si lo hacen, no se les respeta su intimidad, se les rebaja, se incrementa su negatividad y no se les da una solución más allá de la asistencia económica y estatismo ya planteado en ámbito político.

Conforme a esto, que parte además de la degradación social y política, se crean programas en Costa Rica como los de “Bailando por un sueño” o “Cantando por un sueño”, que conjugan el mal gusto del  sensacionalismo del espectáculo nacional con las situaciones difíciles de las víctimas, con el miserable fin de llamar la atención. A los medios en sí no les interesa otorgar los medios y una solución a largo plazo para estas personas, sino corresponder a soluciones fáciles como bonos de vivienda, muebles, dinero en efectivo, etc. y proveer una esperanza y un modelo de héroe que otorga estas esperanzas, protección y seguridad:  el ídolo o STAR SYSTEM de E. Cross (1997: 42)Teleton_LNCIMA20131206_0151_28

Como segundos programas transmitidos, tenemos a las novelas. Esta programación, que generalmente viene de México, Colombia, Venezuela y Argentina se transmite durante todo el día, lo cual deja de lado los programas documentales y los que educan integralmente a los niños.

A su vez, se plantea dentro de su contenido, como la identidad individual como la colectiva hacen de su vida y sus situaciones particulares una problemática victimizante, padeciendo ridículamente.

“La carencia crónica de disciplina y responsabilidad” (Foro de Costa Rica, 2009) se imprime dentro de los sujetos, que advierten caracteres ajenos que asimilan con su propia vida cotidiana. Esto mismo pasa con las aproximaciones del texto, campo del sociocrítica de Bajtin, que puede ir más allá empoderando a los sujetos como productores del texto (Cros, 1997:158)

El contratexto en “Escomponte, Perinola” de Carmen Lyra y el cuento “Adelante” de Fabián Dobles: Conversión de la víctima en el héroe no prototípico del carnaval y la falsa víctima.

La creación literaria costarricense produce a los ojos del intérprete un mundo lleno de posibilidades, donde las letras pueden denotar y al mismo tiempo “ocultar” una perspectiva de un momento histórico y una historia cultural distinta a las otras naciones. Sin embargo, el texto también se rige así mismo, y evoca diversas voces que son traducidas por un sujeto y asimiladas para ser plasmadas.45b

La riqueza semántica y semiótica es sumamente rica en la escritura y por ello era la fuente para romper con el discurso oficial y sus aparentes pretensiones de percibir “lo nacional, la justicia, la solidaridad y el trabajo”, impresos específicamente en la literatura por escritores “que conciben a la Costa Rica de 1900 como un estado idílico, tales como Aquileo J. Echeverría, Manuel González o Pío Víquez” (Zavala, 1994:416).

Sin embargo, esto se rompe a partir de la “Generación del Repertorio Americano” o de los excluídos como los llama Zavala (1994), que vio los defectos de un discurso legitimador y dominante que se centra en distanciarse de otros sectores que no tengan los caracteres y el ambiente del vallecentralismo, que no comulga con esta visión realizando la clara  introducción de una crítica literaria del ambiente y un uso del lenguaje popular o coloquial de la época. Dos de los integrantes más importantes fueron Carmen Lyra (1887) y Fabián Dobles (1918). A continuación, se dará un breve esbozo de su perspectiva social y sus obras.

La ideología y obra de Carmen Lyra

descarga (1)Carmen Lyra se dedicó en su vida a la enseñanza, a la promoción de la salud y los valores costarricenses por medio de su labor como defensora y luchadora de los sectores menos favorecidos, tristes y abandonados. Al igual que los literatos de su época, no logra más que implementar un abstracto cultural, ya que dentro de su misma argumentación no se aleja de los preceptos ideológicos patriarcales que han instaurado el discurso de la época: la misoginia, un discurso que critica lo coloquial, reproducción del ideal de belleza y posición europea y una cierta idealización del ambiente combinado con su propio sentido de lo que es correcto. No obstante, también conserva sus esperanzas en “defender el orden natural, la armonía y el amor familiar (Caamaño, 2013: 94).

Una de sus obras más célebres que conjugan todo lo anterior, es “Cuentos de mi tía Panchita” (1926), la cual contiene una colección de cuentos reescrita en lenguaje coloquial y según las bases de relato del Viejo Continente. Se distingue de las obras del costumbrismo por presentar una realidad lejana al tópico casi bucólico de los campesinos y proponer que también son individuos quienes labran y viven de la tierra y  sufren por argumentos que no reconocen sus esfuerzos, capacidades y potencialidades. Entre los cuentos más interesantes desde el plano del arquetipo costarricense del campesino está “Escomponte Perinola”. Ambas tienen un sentido de la víctima enmarcada en el simbolismo de la tríada sagrada católica (Dios, La Virgen, El niño Jesús) y la transformación ritual del excluido en héroe que debe superar las adversidades de su vida. El fin se busca y en ningún momento, se le da todo al héroe sino herramientas que lo ayudan a llegar  la experiencia de cambio, de “purificación”.

La historia de “Escomponete Perinola” empieza con un rebajamiento de la situación inicial del héroe, que es Juan Cacho, cuyo nombre réplica, intentando conectar al “yo”con aquel, el “otro”, pues Juan remite en el carnaval a un tonto o persona sencilla, inculta; mientras que el calificativo  Cacho, si bien revela la risa inofensiva, se presenta como perspectiva discriminatoria y peyorativa: “es un hombre muy torcido, muy torcido, que parecía que el tuerce lo había cogido de mingo” (Lyra, 1997:37).image4

Aparte de ello, su esposa y sus hijos no corresponden a la familia típica: “una mujer insoportable que se antepone a la sumisa, unos hijos mal cuidados y el núcleo no gira en torno a lo correcto. Su adversidad se intensifica con la ausencia de trabajos, el maltrato y la desesperación pero, aspirando siempre a algo más (Lyra, 1997:37); por lo cual, tiene derecho a romper con ese paradigma de sufriente y pasar a la lucha de la supervivencia y la instauración de un cierto orden ideal” (Caamaño, 2013:96). La revelación de esta visión aún pertenece al tiempo histórico y temporal y enmarca las realidades vividas día a día por un hombre y su familia día a día.

El  comprar un cinco de pan y “rodar tierras” lo inserta inmediatamente en el ritual, en un tiempo eterno y fantástico de “reinversión” y obliga a que se descubra nuestro propio yo cultural, por medio de emparentamiento con el “otro”. En sí mismo, el ritual se inicia con el  encuentro de un viejito de una condición aún más marginal que pide comida, quien se describe como “tulenquito hecho un pírris, en un bordón, con cuatro mechas canosa, barbilla rala y hecho una lástima” (Lyra, 1997:38). Sin embargo, actúa por sus fundamentos de una identidad de hombre sencillo y sumamente religioso, incurriendo en un acto de caridad, donde reflexiona que “donde comen uno, comen dos” y que señala  al constructo identario del costarricense en el lenguaje popular. Esto le otorga  una primera recompensa a Juan por ser generoso, “una servilleta de virtud” que da comida y la revelación de que Tatica Dios lo ha asistido (Lyra, 1997: 39).

Este pasa a un sesteo de camino, pero es engañado por su interés de sobresalir. Este momento se enmarca entre la realidad y la fantasía y se cumple lo que dice Bajtin (2003:12) cuando dice que “El individuo parecía dotado de una segunda vida, que le permite establecer y ser reconocido como ser humano entre sus semejantes, dentro de su ideal temporáneo y utópico”.

Sin embargo, se le recuerda su posición, mientra celebra los dones de la servilleta se enfrenta al dueño del sesteo, quien lo engaña y le cambia la servilleta por una ordinaria mientras duerme. Al llegar a casa, se da cuenta de su error y “queriendo hacer una gracia, hizo un sapo”, siendo apaleado por su mujer. Esto  se repite con otra bendición que le da Tatica Dios al encontrarse de forma desesperada con Él nuevamente, que era un burrito que daba plata. El campesino vuelve al sesteo y otra vez es engañado y al querer arreglar la estabilidad de su familia, como buen hombre, termina mal de nuevo. Finalmente, la infelicidad de Juan lo hace recurrir a Dios, y es allí donde le otorga “la perinola”, con la cual recupera las otras dos recompensas divinas,  darle una lección al dueño del sesteo, representante de la voz injusta del dominante y recomponer el orden en su hogar, como hombre que manda.

En conclusión, la víctima es defendida por la autora, la cual se interna en el mundo del discurso y logra sacar de allí su solución para las clases, pues menciona que la lucha es necesaria, y que la experiencia o educación del campesino de la clase popular es fundamental para el crecimiento y verdadero cumplimiento de la igualdad del ejercicio. A pesar de todo, esto es un imaginario, pues ella misma al igual que el personaje de su historia, lucha con la colectividad cultural y pierde.

La ruptura de esquemas costumbristas: Confrontación de “la falsa víctima” en Adelante de Fabián Dobles

En  1955, Fabián Dobles publica su obra “Historias de Tatamundo” con la idea, al igual que Carmen Lyra, romper con la perspectiva en auge del movimiento costumbrista.campesino

A pesar de que es mucho más reconocido en el género novela y de que sólo posteriormente se ha podido comprobar sus trabajos en lírica durante el Repertorio Americano (1938), Dobles ofrece un enorme aporte para entender los matices y contornos del ambiente en el que se desenvuelven los estratos populares más escindidos del proyecto gubernamental. Sin duda, se debe referir, en primera instancia, “al marco institucional, los ideales identitarios del país y el código de moral previamente establecido” (Bolaños, 2011: 80), para recalcar, por otra parte, y con especial cuidado un arquetipo bastante interesante: el del campesino costarricense. Su visión de aquel hombre sencillo y lejano de los ideales de ciudadano, se empata perfectamente con la siguiente descripción de los sectores tristemente desplazados:

“La contextualización del cuento en la vida campesina costarricense no es gratuita. Hay una intencionalidad explícita de mostrar las contradicciones sociales al margen del mundo rural al margen del estereotipo propuesto por el discurso hegemónico”  (Bolaños, 2006: 82)

Ciertamente, el entorno del campesino,  no es fácil y hace que regresen al lector y al intérprete imágenes que equipara  a las de los abuelos de antaño o a aquellas gentes del S. XIX, quienes estaban destinados a trabajar y a sobrevivir de la tierra, para poder alimentar a sus familias numerosas día a día. El agricultor o el ganadero no es aquel labriego que promulga el Himno Nacional de Costa Rica: “de tez enrojecida”, sino una persona que trabaja, siendo ennegrecido por el sol,  y que en la misma adversidad o situación compleja de su mundo no pretende más que salir adelante, resistir y luchar. Esta se resume en “la fortaleza de NO SER NACIONAL” (Azofeifa, 1970:11).agricultores_costarricenses_01_400L

Apesar del enorme impacto que produce para efectos de comprensión de la esfera identitaria, el mismo autor propone, dentro de la obra anteriormente mencionada, un cuento que sobresale de los que tradicionalmente enmarcan al sujeto de campo, trabajador y sumamente solidario: “Adelante”, o mejor conocido por su adaptación por la especificación del personaje principal de ese relato en “El Hombre de la Pierna Cruzada” de Víctor Vega (1983).

El cuento pretende en su contenido cultural una reinversión de los valores acreditados al sujeto que vive en el campo, ya que rompe con la homogeneidad que, asimismo, afirmaba el discurso en auge. Según algunos indicios, el narrador testigo cuenta una historia que no le pertenece, la cual le ha sido legada de su madre, pero de cuya autenticidad se duda (Dobles, 2006: 157). Sin embargo, el narrador encarna ese ideal de vivencia, para captar mejor la atención del lector y transportarlo a la situación.

La imagen es sumamente utópica, debido a que ni siquiera se precisa el lugar donde acaeció esto, y que se encuentra cargada de bondades universales que engloban dentro de la textualidad. A continuación, se cuenta con la siguiente descripción del espacio y sus habitantes:

“ Y fue que una vez, en no sé que lugar de nuestro mundo, hubo un pueblo muy bonito, encumbrado en las montañas, donde los habitantes, todos muy buenos cristianos y gentes de mucha paz, nacían trabajadores y cada uno con quehacer a mano […] Todos, menos el hombre de la pierna cruzada.” (Dobles, 2006: 157-158)

Después de lo anterior, es indispensable formularse la interrogante del por qué se interrumpe tan abruptamente la narración tan armoniosa, a modo del juglar medieval, que nos presenta el autor. Sin lugar a confusiones, se podría decir a secas que la intromisión de un “nuevo personaje”, pero en realidad equivale a una “figura distinta al entorno, pues se nos describe que este sólo se contenta con la hilación de sus pensamientos, sin más problema que el de estar en algún escaño del lugar reflexionando en el estar”. (Dobles, 2006:158).

Un análisis más profundo podría argumentar que no le da mérito a las actividades del pueblo, que su mundo sería la concreción antonímica del ser “comúnmente ocupado”. Centrándose en estos elementos, se puede deducir que, disponiendo de la evocación general de un contexto e historia social literaria, el personaje en cuestión es de una nueva clase emergente, como un producto híbrido de lo rural-urbano, “quien vive de los demás: una burguesía criolla” (Bolaños, 2006: 83).

La razón de todo lo anterior no radica solamente en su propia composición de  habitus o identidad individual por ser perezoso, sino también por un arraigo especial al discurso legitimado: el campo es un lugar idílico, donde el trabajo para la clase alta parece lejano y precisamente esa “lejanía” es materializada en que “el trabajo y el esfuerzo que supone la supervivencia la hacen otros para mí”.  Esto es descrito por el narrador-testigo cuando  presencia como los habitantes se apiadan del hombre reflexivo y le ayudan, cual si fuese víctima, cuando en realidad es un parásito:

“Por que, naide sabe porqué, los demás habitantes de aquel lugar tan sabroso me le habían de dar de comer, sin más preguntar cristiano alguno por qué diantre ni a cuenta de quién. Y de vestir, todos me lo vestían como quien viste a un santo, no se sabe a santo de qué. Este le daba un punto . El otro le traía tabaco. El de más allá un café con leche…” (Dobles, 2006: 158)

Ciertamente, Tatamundo hace surgir una figura interesante, que corresponde a la mirada de ese “otro” y cómo éste percibe la explotación que sufren los campesinos, aquellos a quienes le hace justicia,  ante alguien que se cree distinto, ese “yo dominante”. A esto es lo que se denomina como “falsa víctima”, la cual ya no emplea la queja como mecanismo para llamar la atención, sino nada más y nada menos que el silencio, que rompe incluso para ir más allá de la ayuda y agregar una condición a esta, con el fin de manipular y obtener más del otro. No importa si es el alcalde (el poder local) o el cura (poder religioso) que “le ofrecen posada en sus casas” (Dobles, 2006:159), pues este no sólo ha tomado el rol de necesitado, sino que se cree merecedor de “ricuras, cuidados y cumplimientos”, desafiando lo que sea (Dobles, 2006: 159).El Matoneado

El vividor, sin duda, no solamente es “la imagen cultural del político”, ese abstracto que refleja la vagancia y la corrupción del burgués que ocupa puestos importantes; sino que este no permite que nada cambie, que los campesinos abran los ojos y no se engañen, pues dentro de la historia “pasan los años y la situación es la misma” (Dobles, 2006: 160). La sencillez, la ignorancia de la realidad y la generosidad sin interés son la pauta para el provecho del interesado, del malvado que se cubre con la máscara de la necesidad, de lástima.

El relato continúa albergando esa situación, hasta que hay una ruptura: la voz de lucha y la astucia. El pisuicas o el mismo diablo, se hace oír y produce el desconcierto, al hacer ver a los habitantes del pueblo que no es justo que “aquel hombre sentado con la pierna cruzada” no hace nada, mientras ellos velan sin queja por él.  Con respecto a lo anterior, no se debe tomar literal a esta figura, pues no se trata del diablo en sí, sino de aquel que lucha por los sectores populares o el mismo campesino que ha tomado conciencia de su valor y ha decidido levantarse.

Este “pisuicas” tiene agregado otro significado que consiste en una lucha, que incita al otro a , identificarse con él mismo, a que se levante y reivindique el orden del sector popular victimizado. La acción clara, dentro del relato, se traduce en el juicio realizado al perezoso burgués, el cual no se defiende por el esfuerzo que implica y es castigado a ser enterrado vivo (Dobles, 2006:161), que podría ser interpretado de igual forma como “desterrar” de la vida social del pueblo ese valor que le es ajeno,para ver la vida de la manera más realista posible, pues su trabajo no debe ser para provecho de quien no desea hacer nada ni siquiera por sí mismo.

Al proseguir la narración y cuando se cree que la justicia y la verdad se concretarán, a través de la lectura de sentencia y el despojo de todo beneficio y comida a aquel hombre, excepto de su tumba; de pronto, se encuentran con un hombre de otra aldea, al cual le pareció curioso el hecho de que enterraran a ese pobre vivo y alega “que esto no es de cristianos” y propone no enterrarlo y darle de comer papas (Dobles, 2006, pág, 162).  Es claro que el discurso eclesiástico se impone a la defensa de los derechos del hombre, pues aunque sea una acción buena el no dejarse, se ha llegado al extremo de caer en el mayor de los pecados: el matar. El mal empezó por el diablo, que si bien quizó que despertarán los campesinos, también les dotó del influjo del mal para conseguirlo.

El cuento termina cuando el hombre dadivoso, al ofrecer las papas, hace que se levaate el perezoso con esfuerzo y le pregunte si las papas están peladas y, al recibir una respuesta negativa, el perezoso no aceptó y prefirió proseguir el camino al cementerio y ser enterrado. Se comparte así la premisa de Bolaños (2011:82) “si bien el cuento posee un carácter jocoso, es basicamente una anécdota moral sobre la vagancia”. Apesar de eso, el cuento mantiene las posibilidades de parodia, de burla grotesca, que reinvierte los valores de la política, para romper de alguna forma el orden y el tiempo mediante la instauración temporal de la oralidad y las voces silenciadas que se expresan plenamente en la textualidad narrativa.

El proyecto educativo como deformación del discurso victimizador y como soluciónLiceo-Rural-China-Kicha-Cultura_LNCIMA20141104_0179_27

Se ha supuesto que, tanto el discurso religioso cristiano como en el auge de un posicionamiento político confluyen estratégicamente para conformar las bases educativas del tico, así como también se toma en cuenta el ámbito social. Bien lo menciona Juan A. Estrada (1998) en su obra “Identidad y reconocimiento del Otro en una sociedad mezquina”, cuando se refiere a la manipulación estratégica de masas desde la política y la educación:

“El yo que objetiva la naturaleza es también el que hace de la política el arte del dominio de las personas…el conocimiento de los hombres es el presupuesto para saber cómo manipularlos. Hay que auto controlarse para reprimir y para utilizar a los demás, objetivados, como la naturaleza externa, y cosificados, es decir, negados como sujetos autónomos, como agentes protagonistas de la historia. Para controlar y reprimir al otro, sin embargo, hay que aprender el autocontrol y la reflexión introspectiva”  (Estrada, Juan A., 1998:11)

Dentro del proyecto educativo el objetivo es claro, porque se trata de complementar la formación y crecimiento del individuo costarricense, desde formas de antaño en que debía asumir el rol de adulto en una pequeña comunidad hasta complejas formas de organización social que no sólo pretenden una función transmisora de conocimientos hereditarios al incentivo de habilidades morales e intelectuales, así como la conformación de ciertos valores (respeto, tolerancia, sinceridad, generosidad, comprensión, etc) y preceptos que debe tener el ciudadano “modelo” (Gómez:2012, a partir de la unificación en una misma identidad costarricense.

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Como parte del impulso a la educación universitaria por parte de la antigua Universidad de Santo Tomás, se funda la Universidad de Costa Rica el 7 de marzo de 1941

El sistema educativo no se configuró “de la noche a la mañana”: todo comenzó con el cierre de la Universidad de Santo Tomás, para luego pasar a las reformas educativas con las aperturas del Liceo de Costa Rica y el Colegio de Señoritas. Posteriormente, se crea la Universidad de Costa Rica, tratando de acercar a los sectores cultos intelectuales con algunos grupos populares activos y, tras el periodo de turbulencia de la dictadura de los Tinoco de 1917-1919 y la Revolución Rusa, con la participación esperanzadora de los sectores populares, de donde provienen los valores de igualdad, la superación social. Todo esto se usó “como culminación estratégica del proyecto liberal, donde el discurso nacional se refleja en la enseñanza de himnos, historia nacional, configuración de la patria y su representación en héroes nacionales, con el fin de convertir lo heterogéneo en homogéneo a conveniencia de la movilidad social del sujeto cultural” (Zavala, 1994:419).

En consecuencia de toda la síntesis de transformaciones en la estructura de formación ciudadana, se limita a los sectores populares y marginados a llevar en sí un plan que no cumple con sus expectativas, y en caso de queja o padecimientos, no se tolerará ni se dará licencia a una apertura diálogo o negociación. Por ello, muchos literatos del ámbito educativo e intelectual, lucharon por una igualdad de clases y por romper con ese “costumbrismo idílico” y fueron exiliados.

El moldeamiento del individuo le impide escuchar las quejas de la víctima, las que se  sumergen en el silencio, y en la confusión que después se limita a la conformidad de las acciones estatales en asistencia. En cierta parte, ahora los movimientos populares no se expresan o se limitan a una actividad pasiva, que no le permite “abrir los ojos al tico” y ver ciertos movimientos de protesta como “vagabundería” y, en cambio, dar más importancia o ensalzar cualquier cosa o, admirar el valor de alguien, para luego juzgarlo por sobresalir del montón (“Ley de la pequeñez de espiritú”).autocensura_127665

Las acciones en la educación llegan a implementar más valores políticos y económicos, rebajando el contenido de los sectores populares, la realización espiritual por medio de la  caridad o misericordia para con otros y el verdadero discernimiento de la víctima debido a la preponderancia de la supervivencia individual en detrimento de la colaboración o solidaridad destacables de la naturaleza costarricense. Por ende, el individuo pierde la noción de aquello heredable y se le inculca a aprender habilidades para ser un mero instrumento del mercado y priorizando su supervivencia y disminuyendo el valor de “manos que dan, nunca estarán vacías”, por ejemplo.

Otra repercusión es la de-construcción del significado de la solidaridad, que casi siempre implica más un acto de interés, que desinterés. La victimización se agrava y se torna en emergencia, tras las palabras invisibilización de los políticos y economistas, quienes atenúan esa voz de auxilio.

Por último se le imprime al niño el hecho extendido y deformado de víctima, por el mismo entorno social en el que esos que sufren son los pobrecitos, eximiéndose de las responsabilidades que le corresponden y la tendencia constante de los adultos de complacer sus caprichos o sus quejas fingidas sin imprimirles la idea de esfuerzo” (Gómez,2012: 4).sed

El agravamiento del problema de quien padece una situación adversa se aleja de la concepción “real” de víctima y se sustituye por otras formas de victimización y marginalidad que señalan un enfoque más superficial, el cual pasa de la poca capacidad de sobrellevar los problemas a la pérdida de responsabilidades. Hay que agregar que tampoco se le ofrece el tener una visión completa de su realidad y la criticidad que implica el poder enfrentar y discernir entre la percepción que pretende implementar el discurso legitimado, así como las posturas del discurso de masas y de los sectores abandonados y más excluidos.

CONCLUSIONES

A partir de lo que  se ha expuesto en el trabajo anterior, se puede afirmar con certeza que el discurso de la marginalidad y de los sectores excluidos actualmente radica en el uso exacerbado de la falacia ad misericordiam, la cual supone desde el comienzo una persuasión del otro yo, pero desde un punto de vista que no proponga la superación de la condición de ese aislamiento o abandono social  de forma permanente. Esto incentiva a la búsqueda de soluciones fáciles que se incorporan a la personalidad del tico y que se extienden a aspectos superficiales, donde el sujeto se niega a tomar responsabilidad hasta por sus más mínimos actos.

Por tanto, es completamente justificable la degradación de forma total de muchos sectores, a lo cual también se suma el efecto de la respuesta del receptor, en este caso el gobierno costarricense, que fundamenta su discurso en preceptos religiosos y se supone está permeado como fundamento tanto individual como colectivo del costarricense. A pesar de esto la pérdida y desviación de fundamentos religiosos y de los valores característicos del acto de caridad, como la solidaridad y la comprensión, se dan en parte o nada en las acciones para solventar el problema de la exclusión de sectores de la periferia nacional, e incluso del mismo Valle Central.

En el tema de la marginalidad y de la victimización, se pudo observar cómo se tiende a reafirmar, desde el ámbito político,  a una serie de asistencias económicas o acciones de ley parciales que tienen como objetivo reafirmar su superioridad por medio de su posición como dueño de la tecnología y los mecanismos de progreso, que desemboca consecuentemente en  no dar cabida a una implementación de herramientas que empoderen a cada sujeto que “se queja” o “a su voz que ha sido silenciada” y sólo manifestada parcialmente en textos o productos culturales.Como-puedo-ayudar-a-la-gente-pobre2

Con respecto a las problemáticas expuestas, se alude que las soluciones van desde la inserción de valores diferentes a la hora de enfrentar situaciones adversas hasta aspectos de la productividad y la participación activa de los distintos sectores, con el fin de identificar una verdadera realidad y que las conflictividades no están exceptuados y pueden ser gravemente intensas en diversos sujetos; por lo cual esto debe trasladarse a actos de solidaridad total, no sólo en cuanto a acciones materiales, sino al moldeamiento de la conducta de las víctima para que corresponda a un modelo de desarrollo social y político integral.

Si se logra el acceso abierto y el otorgamiento de oportunidades sin codicia e intereses , siempre se recurrirá a la idea de un progreso total, donde tanto los medios de comunicación y la política tiendan a educar sobre estas poblaciones y disciernan dentro de su contenido informático una imagen verosímil más acorde a la percepción de esas poblaciones, que no sólo exhorte y difunda actos de generosidad, con aspecto de apelar a la misericordia y a la degradación mayor en público de estas poblaciones, sino la colaboración desinteresada y privada.

Igualmente, lo anterior implica el juicio crítico de la población que se pregunte hasta donde se tratan las situaciones reales de una persona que sufre de la miseria y de que formas, acorde a su caso, corresponden a una acción real y constante, una construcción de realidades que no serán aceptadas de inmediato, pero que es necesario entender y corresponder.

A partir de lo anterior, los programas de educación deben reformularse para mezclar tanto el rescate de los valores que caracterizaron al costarricense junto con un discurso que engloba no solamente la apropiación “cultural” de las clases privilegiadas, sino que a partir de ello establezca un diálogo con “el otro”, invitándolo a hablar y darle las herramientas para salir de las problemáticas que lo aquejan y lo rebajan. El establecimiento de un diálogo familiar y ocupacional, así como la consideración de varias posturas garantiza una educación holística y la capacidad de evaluar las situaciones difíciles del ser humano, así como su solución rápida.

Como bien se ha dicho, la educación es la base de la familia cuyo entorno es natural y primordial, con la funcionalidad principal de conformar las condiciones idóneas para el desarrollo de las posibilidades potenciales en relación a una aceptación de su propia fuerza individual como en aspecto formador y reconocido por una colectividad, asegurando una conformación más justa y recta del sujeto. Por ello, la superación de la marginalidad en todos los aspectos y áreas que se han explicado provienen del mejoramiento educacional, por la modificación de enfoques educacionales, a través del enriquecimiento previo de las figuras o entes formadores, como lo son los padres, el profesor, la iglesia y de manera mucho más compleja,el Estado.

Es indispensable pensar en el desarrollo de un plan de acción que ponga en práctica la cordialidad, la caridad desinteresada, el respeto y la honestidad, con la finalidad de atenuar la mentalidad derrotista que aflora con los antivalores. El orden y la disciplina se deben proponer desde la profundización de una conciencia real de individuo como un “igual a mí”, como componente transversal de todas las áreas de conocimiento, y no deben verse como tales, pues es un mecanismos que más que resistencia, se considera como una oportunidad de excelencia y éxitos en la vida futura de los alumnos.

Asimismo, el posicionamiento del profesor y los padres debe ser global y no sólo puesto en el dogma, y su figura debe ser reforzada como aquel que asiste al estudiante y lo forma integralmente. Lo anterior no implica darles todo, sino permitir el espacio para que el estudiante interaccione por sí mismo con las situaciones sociales y los textos, sacando las conclusiones del caso. Los textos literarios y las imágenes culturales deben motivar al estudiante y formar en él un gusto por la  creación como la historia, la política, la importancia de la educación y las manifestaciones artísticas de forma global de todos los sectores sociales.

En cuanto al tema más específico de la víctima, se debe comparar tanto el texto que presenta la política, la religión y los medios de comunicación con el texto colectivo, y más específicamente de los sectores excluídos, por medio de experiencias que permitan ver algunas conductas como las congojas económicas, la ilusión existencial, la poca previsión, los descuidos y carreras, así como otras situaciones personales como superables con la ayuda de otros, pero partiendo de nuestra propia iniciativa y fuerza de voluntad para cambiar. La enseñanza de la perseverancia y la lucha son ideales que deben ser reinventados y colocados de forma interpretable por el sujeto cultural, y no como un simple texto dado.

De igual forma, se debe distinguir bien entre las intenciones de una víctima falsa y una verdadera, así como de las intenciones de “caridad” y “misericordia” verdaderas y las que tienen implícito el pecado de la codicia, como suponen tanto la prensa, como la política y hasta los mismos delitos de miembros de la Iglesia. El carácter de la víctima radica en la necesidad y se debe tomar en cuenta todo el ámbito de los factores que causan su situación; mientras que el actuar con solidaridad y generosidad radican en el desinterés de buscar algo a cambio de aquella persona o el provecho personal por encima de los desposeídos.

En síntesis y como conclusión el rescate de valores humanos, sociales y espirituales deben tener la capacidad de modificar los enfoques individuales y colectivos de las personas, desde un nivel educativo familiar hasta el ámbito político, donde los acuerdos de las voces contienen la esencia de la aceptación social de esos sectores y su integración, por medio de su traslado de víctima a empoderados.

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