Un silencioso testigo: El Cementerio General de San José. Por: Elsebeth Román

En el desierto del tiempo, Dios ha dispuesto,a manera de oasis para vuestro descanso,

los cementerios. Acostaos en ellos y dormid,viajeros desalentados.” 

THÉOPHILE GAUTIER

 

Introducción 

Están en el camino

No es tan extraño encontrar un cementerio en el camino, ya sea que se vaya de visita a otra ciudad o simplemente, está dentro del paisaje rural de la ruta que cada día se toma para ir al hogar después del trabajo.

Pero, cuántas veces se habrá preguntado alguien por qué está ahí, quiénes han sido llevados a esas bóvedas y mausoleos. Incluso las razones por las que se eligió esa tal figura para coronar esa construcción. La realidad es que se vive en una sociedad tan acelerada que muy probablemente sean pocos los que tengan estas curiosidades.

Si bien el cementerio es simplemente el lugar en donde se dejan a los fallecidos, hay que mirar más allá, entrar en las curiosidades antes mencionadas y tener un poco de consciencia acerca de la pertenencia cultural de este espacio. Ya que al final se convertirá en la segunda sociedad de todos.

Cementerio de Nueva Orleans, Estados Unidos

Cementerio de Nueva Orleans, Estados Unidos

En San José hay una gran joya de memorias, ubicada en la Avenida 10, hoy una ruta por la que un transporte publico recorre sin causar nueva admiración en los pasajeros. Aunque no pasa desapercibido, el Cementerio General de San José es un intento de imitar las grandes necrópolis, la de París o la de Nueva Orleans en Estados Unidos, son a las que más se asemeja nuestro panteón histórico.

Y eso, ya por sí solo, es un motivo de admiración porque se está poniendo en un nivel elevado, con sus actos decorativos propios y el gran espacio abarcado de lo que podría verse como el nuevo hogar, en la nueva vida. La representación religiosa que vela cada tumba o los otros tipos de figuras como los del Cementerio General, ya no se encuentran o en realidad se redujo a pocos lugares.

El caso del Cementerio General es interesante porque ha sido llamado una ciudad dentro de la ciudad, en referencia a la imagen que presenta en la capital. Por ser una ciudad entonces, contiene voces de habitantes y vecinos, todos portadores de una memoria del colectivo con voz propia.

Las investigaciones que han girado alrededor de este cementerio se han enfocado más en la importancia histórica, sobretodo por las figuras sociales que descansan ahí, o en lo artístico que guarda dentro. Los artículos dan buena cuenta de la relevancia para el país de este Patrimonio Histórico.

Entrada del Cementerio General

Entrada del Cementerio General

Razones para reflexionar

Los cementerios son espacios muy importantes para la población, en ellos hay más que sólo una última morada. Son importantes los textos culturales-sociales que se encuentran ahí, como parte de una historia del país, para tal finalidad se intentara un acercamiento de lectura de uno de los cementerios más importantes del país: el Cementerio General.

Es por ello que el interés de este trabajo se detendrá en este cementerio, como un lugar que conserva parte de la historia del país. Por lo que se quiere hacer un breve recorrido por la historia de las prácticas de entierro de Costa Rica del siglo XIX y XX, con el fin de tener una noción del desarrollo del Cementerio General. Además de encontrar los cambios históricos en dicho lugar que evidencian los  aspectos de la sociedad y la cultura.

Toda la idea de hacer el breve recorrido por la historia es para identificar qué voces histórico-culturales encierra ese espacio, desde su aspecto arquitectónico lapidario, siendo el único elemento posible a tomar para objeto estudio en la actualidad, y el diálogo que entabló con la sociedad de los siglos pasados.

Para dar cuenta de la relevancia identitaria del Cementerio General de San José, existiendo tantos cementerios a nivel nacional. Con la intención de demostrar que hay un texto cultural en cada espacio de ese sitio, uno propenso a interpretaciones o simple admiración artística. Lo más relevante, los testigos primordiales, serán las voces que atestiguan la existencia de una época y sus actores, todos en una consonancia polifónica. Con un acercamiento desde la lectura del texto social-cultural del Cementerio General, desde su aspecto lapidario u ornamental, con el fin de encontrar las voces históricas.

 La polifonía en una manifestación no literaria

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Para eso se va a partir de la noción de Mikhail Bajtin de la polifonía, la cual explica como un grupo de voces coexisten con otras, no subordinadas a una sola voz sino que en consonancia con la que aparentemente es principal.

“In Problems of Dostoevsky’s Poetics, Bakhtin developed the concepts which were to inform much of his work. The concept of ‘polyphony’ (borrowed from music) is central to this analysis. Polyphony literally means multiple voices. Bakhtin reads Dostoevsky’s work as containing many different voices, unmerged into a single perspective, and not subordinated to the voice of the author. Each of these voices has its own perspective, its own validity, and its own narrative weight within the novel.” (Robinson, 2011

Réplica de La piedad de Miguel Ángel

Réplica de La piedad de Miguel Angel

Al igual que Bajtín, que toma el término “polifonía” prestado de un ámbito diferente para aplicarlo en literatura, se puede hacer lo mismo para otras áreas, siempre siguiendo la propuesta del teórico. Por ejemplo a la construcción histórica de la memoria de un país.

Ya que la historia de un país se compone de muchos aspectos y áreas en las que se ve reflejada la cultura y la sociedad, es inimaginable no pensar en un coexistencia de esa multiplicidad de voces. Y una de las área en donde se encuentra la historia nacional es en lo funerario, los cementerios innegablemente juega un papel importante para la memoria y esa memoria son palabras no verbales, que igualmente se expresan en polifonía.

Sobretodo en los cementerios, lugares en donde se mantienen voces. Y en el caso de este trabajo, dentro del Cementerio General. Es un aspecto que se puede mirar y, aunque no se conozca la historia, intentar dilucidar lo que hay detrás. Como un simple ejercicio de distracción, sin embargo, hacer esas lecturas implica encontrar una voz o las voces y leer la cultura de otro modo.

Además de que esta área ha estado en cambio constante, un proceso iniciado desde el contacto de los conquistadores españoles con los pueblos originarios de Costa Rica, al igual que en otras regiones del continente, y eso se refleja en la época Colonial y los consiguientes siglos.

 En los siglos anteriores…

En Costa Rica anteriormente se tenían prácticas funerarias heredadas de los primeros grupos de colonos, puesto que interior-monasterio-jeronimosestos continuaban sus prácticas en los lugares donde se asentaron. Una de estas prácticas era la de enterrar a los muertos dentro de las Iglesias, tal como atestiguaban los documentos de esos siglos.

Al respecto, Flory Otárola en su artículo “Ruega por las ánimas” menciona:

“(…) particularmente, la mayoría de los feligreses de la ciudad de Cartago, de los siglos XVII y XVIII, dejaron estipulado en los testamentos los lugares de su preferencia para la inhumación, entre los que señalaron la Iglesia Parroquial, el Convento de San Francisco y algunas otras ermitas, hasta que se prohibió esa práctica por razones de salud pública, en 1789”

La práctica de estipular el lugar donde quedarían los resto del cuerpo tras la muerte por supuesto que es de influencia de los colonos, puesto que entre los primeros habitantes lo usual era llevar a su difunto a la tierra o a los esteros de los ríos.

Por otro lado, la prohibición fue definitiva en 1813, cuando una Orden Real dio la orden de abolir esas prácticas de enterrar a los difuntos en las Iglesias. Un año después, la Capitanía General de Guatemala dio una lista de poblados en donde se ubicarían los nuevos lugares de entierro.

Los cementerios estarían junto a las iglesias, en los terrenos despoblados en lugar de en los alrededores de la misma. Sin embargo, estos lugares designados para los entierros comenzaron a presentar problemas más tarde.

Recordemos que desde hace mucho Costa Rica se ha caracterizado por su fe católica, una religión que aún tiene muchos fieles y que la misma constitución proclama como única.

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Pues bien, la administración de los cementerios había quedado en manos de las Iglesias, con lo cual se empieza a ver el problema de acceso a las personas no católicas, tras su muerte. Esto, siguiendo las disposiciones de la Iglesia Católica.

Sin embargo, como la Iglesia Católica, desde los tiempos de la Colonia, tenía a su cargo la administración absoluta de los cementerios, hacía prevalecer el derecho canónico en los asuntos del sepelio. Estas disposiciones provocaban severas dificultades a quienes debían enterrar a personas no católicas o a aquellos difuntos considerados “indignos” por la Iglesia, como los judíos, los turcos, los paganos, todos los infieles e, incluso, los niños quienes no hubieran sido bautizados; los herejes, quienes profesaran abiertamente sus “errores” y sus defensores, los ateos, los excomulgados, los que se suicidaban, aquellos que no se hubieran confesado y comulgado al menos una vez al año, quienes vivían en concubinato, adulterio, fornicación y otros delitos” (Durán, Cementerios de San José: historia, creencias y arte dentro de sus muros, 2007, p.44)

A raíz de esta situación tan poco agradable para los habitantes, nacionales y extranjeros, en 1884, mediante un decreto se moderniza la legislación que regía entonces y se secularizan los cementerios. Lo cual quiere decir que a partir de ese momento, los cementerios serían administrados por el gobierno y no por la Iglesia, dando así, una solución al problema de entrada a cualquier difunto a los cementerios existentes. En 1738 ya se había creado un cementerio pero no se extendió más allá de 1776. Luego en 1845, se compra un terreno dentro de San José en donde se construyeron el Hospital San Juan de Dios y lo que fue conocido como el Panteón General de San Juan de Dios y Lazareto. Para la administración de ambas instituciones se crea, además, la Junta de Caridad (actualmente es la Junta de Protección Social) A pesar de este intento de conseguir al fin un sitio para los difuntos, surgen nuevos problemas. Diez años más tarde, hay problemas de humedad y se determina que el lugar en donde habían colocado el panteón, en las cercanías del hospital, no era el más apropiado. Se recomendó moverlo a un lugar más alejado. En 1858 la Junta toma la decisión de empezar la construcción de un lugar más apropiado para la traslación de este cementerio. La obra es concluida en cuatro más tarde. Este será el Cementerio General, mismo que hoy aún existe. Con la existencia de este nuevo espacio comienza un cambio en la población josefina, al convertirse dicho lugar en el centro más cercano para llevar a los difuntos y aún más, su importancia se hace palpable con la llegada de familias de buena posición económica de la ciudad de San José.

 La vida social alrededor del cementerio

El caso del Cementerio General es uno de los más importantes, pues se ha convertido en uno de los cementerios más

Escultura de la Novia, Cementerio General avenida 10. Artista Eloy Palacios 1898.

Escultura de la Novia, Cementerio General. Artista Eloy Palacios 1898.

impresionantes y una ciudad de memorias del siglo pasado, donde se conservan las voces de una época en nuestro país, los recuerdos y vestigios de lo que fue Costa Rica antes de nuestra actualidad.

La sociedad costarricense desde finales del siglo XIX comienza a experimentar un desarrollo impresionante, hay una modernización de aquel país colonial a uno con vistas experimentar sus nuevas opciones. Estamos en una Costa Rica que ha cortado su lazo con la dominante España, la proclamación de Independencia llegó en 1821, a poco de haber llegado el siglo.

Aun así, no se puede esperar que el corte fuera tajante. Las personas, aunque libres, siguen mirando con ojos de colonos. La Costa Rica de 1800 es una sociedad indudablemente religiosa católica, siguen los ritos que les fueron enseñados y temen los castigos que se pueden sufrir al romper una de sus enseñanzas.

En los párrafos anteriores hay algo de esta evidencia. Los no católicos no podían ser enterrados en los cementerios, en tiempos que la Iglesia ejercía el poder sobre ellos. Esta fue una de las razones que llevó a la existencia del Cementerio de Extranjeros, como indica su nombre, es el sitio destinado para los que no eran costarricenses y no profesaban del catolicismo.

“De ahí, pues, que el enterramiento de los extranjeros y no católicos se convierte en un problema muy temprano para el Gobierno, tanto por la calidad de los cementerios existentes –para católicos–, como por la presión ejercida por la Iglesia para evitar enterramientos de no católicos en “sagrado”, en lo que considera es materia de su jurisdicción. Problemas, los anteriores, que se zanjarán por medio de la secularización de los cementerios en 1884, como consecuencia de las leyes liberales que terminaron por secularizar el Estado en todos sus extremos, completando así la Ley de Garantías de 1877, que proclamaba la libertad de cultos.” (Guzman-Steiin. 2000, s.p

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Volviendo al asunto social general, estos dos siglos son de gran movimiento para las ciudades, especialmente para la capital. Las construcciones de nuevos edificios con diseños modernos están en auge, centros importantes de la ciudad nacen en este siglo XIX y el siguiente.

“En esa época, la sociedad costarricense, en su mayoría rural, estaba formada por pequeños y medianos productores, seguidos en importancia por trabajadores del campo con poca o ninguna propiedad. Mientras tanto, en San José se concentraba la élite política y económica, los empleados públicos, los comerciantes, y los sectores populares conformados fundamentalmente por artesanos y obreros.” (Villalobos) 

La ubicación geográfica indudablemente señala esa barrera y es una diferenciadora entre los josefinos y los demás. Mientras tanto la importancia que la capital estaba asumiendo y el desarrollo que vivía hacía finales del XIX y principios del XX serán los que atraigan más tarde a los pueblos de la periferia.

Todos los cambios que Costa Rica experimentaba, con epicentro en la ciudad central, tenían un lazo con lo económico, como es de esperarse.

La especialización regional que se produjo del cultivo del café de exportación a partir del tercer decenio del Siglo XIX  sobre todo los efectos estructurales que trajo consigo, explican el creciente rol histórico de San José como ciudad capital y su función central dominante, polo de desarrollo de una gran transformación socio-espacial en ámbito regional, motor de nuevas actividades y, en el entorno del último decenio del siglo pasado, supremo centro cultural del educativo del país.” (Fuentes, 1986)

Este desarrollo y lo que sucedía socialmente, se verá reflejado en algún modo en el aspecto funerario, lugar donde se conjugará las dos áreas, como voces de una época.

 Los testigos hablan con su ornamentado silencio

La convergencia de los distintos grupos sociales predominantes en el siglo XIX y XX es lo que se verá reflejado para un habitante actual al entrar en este cementerio. Pues es un lugar que desde el primer vistazo revela un museo de arte, con grandiosas obras en diversos materiales y esto, bien, nos habla de un momento histórico de la sociedad y de los

Familia Castro Madriz. Bustos Doña Pacífica de Castro y el ex presidente José María Castro Madriz

Familia Castro Madriz. Bustos Doña Pacífica de Castro y el ex presidente José María Castro Madriz

habitantes de esos hogares de reposo. Es aquí en donde se ve la relación de voces.

Dentro del Cementerio General lo que se podría decir que existe una polifonía social funeraria, hay una voz en cada mausoleo y lapida, en cada escultura y cuadrante. Es una necrópolis  en todo su interesante esplendor, y la palabra le viene al dedillo, pues literalmente viene  significar ciudad de muertos, como lo indica su etimología (la palabra proviene del griego)

A pesar de no haber estado bajo la jurisdicción de la Iglesia Católica, el Cementerio General conservaba la costumbre imperante en el siglo XIX de no inhumar a personas de otros credos (Hernández, 2000:54), probablemente hasta la secularización de los cementerios, en 1884.” (Durán, Cementerios de San José: historia, creencias y arte dentro de sus muros, 2007 p.47)

En relación con la cita anterior se debe mencionar que explica el porque a no mucha distancia de este cementerio josefino, se encuentra el llamado Cementerio de Extranjeros. Y como un caso diferente, pero también encierra una historia, al lado del cementerio General está el Cementerio de Obreros.

El cementerio General de San José en un inicio no abarcaba más que un cuadrante, era una zona pequeña. Al poco tiempo se amplió, contando con tres cuadrantes más. Estos cuatro sectores dieron vida al naciente cementerio josefino, estos se ubican en lo que ahora es una zona conocida como “la parte vieja”. Cada uno de estos cuatro sectores fueron nombrados como El Carmen, de Mercedes y de Dolores; es dentro de estas tres áreas donde se encuentran las criptas de políticos de la historia nacional. Además, yacen en esos sectores empresarios y familiares de los mismos.

El cuarto sector existente junto a los tres mencionado es los Ángeles. Este fue usado para enterrar a los infantes, un tema dell que Otárola supone es una cuestión relacionada con el imaginario cristiano del pecado y la inocencia, diferenciador entre los adultos y los niños. Siendo los mayores personas con manchas en sus vidas, por su modo de vivirla, y los niños, por otro lado, no llegaron a conocer esa parte de la vida y por ello han muerto sin haber andado tal malvada vida.

Con el paso de los años y por la necesidad de más espacios para enterrar difuntos de la capital, se fue ampliando el terreno, haciendo que el cementerio General abarque un total de 65 cuadrantes. Actualmente, cualquiera que se interne tras los muros de ese camposanto, tendrá que caminar un largo camino para poder abarcar todo el lugar. Tanto la zona vieja como la nueva. Es un cementerio de gran extensión, como se puede apreciar en el siguiente video:

Y esa gran extensión es lo que permite la existencia de una colección de obras lapidarias impresionantes. Estas a su vez muestran una variedad de temáticas y técnicas arquitectónicas, que están en consonancia con lo que sucedía fuera de sus muros (el momento de construcciones en San José del  siglo XX) La tradición lapidaria que se conoce es la de colocar ángeles, cruces, o bien a Jesús o a María. En el General se mantiene esa tradición ornamental, con la diferencia que sus tamaños son quizás cuatro veces a las que normalmente se ven y se diferencia en que algunos otros presentan motivos innovadores, a lo típico.

“Toneladas de mármol, granito y bronce abrigan los restos mortales de expresidentes, figuras de la cultura y miembros de las familias más representativas de la oligarquía de finales del siglo antepasado y principios del anterior.Este cementerio es en realidad una expresión majestuosa y radiante –no tanto en lujos sino en reverencias traducidas en arte hacia los seres queridos– que conforme pasa el tiempo gana valor histórico y simbólico debido al contraste con los cementerios privados modernos, donde se recuerda al fallecido de otra forma: con lápidas, elegantes pero pequeñas, que sobresalen en medio de las bien cuidadas franjas de césped.” (Jiménez, 2000) 

cementerio-33Mientras que la cara de la ciudad desde finales del siglo XIX empezaba a cambiar, también los hacia el de este cementerio. Por ejemplo, el mausoleo de León Cortés Castro presenta un estilo arquitectónico propio del neoclásico que había sido la usanza de la ciudad josefina. Otro tipo de arquitectura encontrada en este cementerio es una obra firmada por Francisco Durini, un importante participante en el movimiento arquitectónico de San José.

Una obra que llama mucho la atención es la que resguarda los restos de la familia Teran Ferrer. La figura de dos enormes ángeles que están transportando a un hombre, ese hombre simula ser un alma, es admirable y causa una gran impresión. Una obra en mármol, hecha en Carara Italia.

Mausoleo familia Teran Ferrer

Mausoleo familia Teran Ferrer

Curiosamente, hay una obra dedicada a Gutenberg, de parte del gremio de litógrafos del país y una réplica de “La Piedad”, escultura de Miguel Angel, dentro de este camposanto. Ambos mencionados como ejemplos de los trabajos de índole no religiosa ni típicas del arte usual de un cementerio.

También se pueden observar bustos de diversos personajes de la política costarricense, como el José María Castro Madriz, ex- presidente de la República, realizada por el escultor Mario Parra Material, en bronce  de 0.50 metros de alto.

El mausoleo de la familia Bernardo Soto Alfaro exhibe un trabajo de los hermanos Durini y se ubica en el primer cuadrante, que como ya se mencionó, pertenece a uno de los cuadros originales del Cementerio General. (Hernández, 2008)

Mausoleo familia Bernardo Soto Alfaro

Mausoleo familia Bernardo Soto Alfaro

Esos sólo por poner algunos ejemplos, de los muchos que se pueden encontrar entre la colección artística mortuaria del Cementerio General. Un catálogo del Ministerio de Cultura, publicado en 2009 da buena cuenta de las obras más sobresalientes.

Es hacia 1940 que el arte funerario de esa magnitud empieza a decaer,  y ya para 1970, al cambiar el concepto de “camposanto”, los mausoleos y adornos de tumbas (estatuas, efigies y monumentos) se detuvo, esta situación es evidente en el fondo del Cementerio donde

“…ya no es común encontrar la estatuaria de las criptas de los primeros cuadros por cuanto el esplendor de las épocas anteriores (…) debido, principalmente, al encarecimiento de ese arte, según la apreciación de algunos de los marmoleros vecinos” (Durán, Cementerios de San José: historia, creencias y arte dentro de sus muros, 2007, p.50)

Aún sin adentrarse hasta el fondo, unas pocas bóvedas, podrían decirse que las que en el presente se conocen, conviven al lado de las monumentales tumbas de principio de siglo en la zona “vieja”, Hecho que demuestra a pocos pasos la diferencia entre el antes y el tiempo después. Son bóvedas simples, blancas, cuadradas, junto a los muros. page

Ahora bien, con el corto recorrido por la historia, la sociedad y una la vista rápida del Cementerio General, lo que resta decir es que indudablemente lo que hay dentro de ese enorme territorio de la necrópolis más grande de San José es una polifonía. Una polifonía de la segunda vida de una sociedad cuyos aportes no se han olvidado. Es un texto con memorias.

Razón por que se está entendiendo aquí la polifonía desde la propuesta bajtiniana. El cementerio General es un lugar que da cuenta de un grupo de voces en consonancia. Si bien Bajtín habla desde una aplicación literaria escrita, lo cierto es que hay textos que no requieren de letras. Para la existencia de la polifonía basta con que exista un lenguaje, verbal o no verbal, sensible a relacionarse con otros de su mismo tipo u otros, porque es posible.

“… la propuesta de Bajtin considera que el uso del lenguaje está condicionado  por: a) el sometimiento a las reglas básicas del lenguaje (“como código que garantiza comunicabilidad”) y b) “por la situación espacio-temporal e histórico- social en la que  se encuentra”. Estos tres polos “el individual, el discursivo y el ideológico, establecen un complejo diálogo en diferentes niveles  de abstracción  que Bajtin denomina “heteroglosia”” (García, 2003, p.4)

Se cumplen los dos requisitos mencionados dentro del cementerio General, pues hay: a) un cumplimiento de reglas del lenguaje fúnebre y lapidario, y b) por otro lado, las figuras ornamentales son una muestra del aspecto espacial, temporal, social e histórico de esa ciudad costarricense.

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En el Cementerio General de San José descansa un grupo de personajes de la vida histórica de este país, de nuevo, que han dejado su marca en las áreas de progreso. Desde importantes políticos como ex presidentes, ministros, generales, etc; pasando por empresarios inversionistas del avance nacional hasta intelectuales del ámbito nacional.

Hay una prueba de las voces arquitectónicas en boga y de los gustos, de las asociaciones con otros grupos, de la relevancia de unos u otros. Es curioso encontrar unas pocas bóvedas comunes, de las que hoy se ven en cualquier otro cementerio, a un costado del “viejo cementerio”.  La convivencia de estos dos tipos de lugares para entierros muestra una conversación con el pasado desde el presente y hace palpable lo que se mencionó antes de una época de decaimiento del uso de estructuras pasadas.

Por otro lado, claramente cada arquitectura refleja el peso de la persona en su vida. Los ángeles, cruces y figuras religiosas son la seña de una fe o bien de una intención de que los restos descansen en paz. Los bustos, que son los rostros inalterados por el tiempo de esa persona, quizás habla de la inmortalidad de su memoria y la conservación en el tiempo, aunque sus restos mortales ya no existan, lo hará el espíritu.

El otro grupo de iconografías como las réplicas artísticas y figurativas son muestras de un tipo de apreciación diferente, pero igualmente válido. La decoración fúnebre finalmente siempre queda en manos de los familiares vivos y nunca en manos del difunto, a menos que este haya expresado su deseo de ser coronado por “x” figura o representación.

También entra dentro de esta gran agrupación de voces que rodean al Cementerio General, el no interés que han puesto en nuestros días los tutelares de los existentes espacios en el cuido, en algunos casos, o el abandono de los nichos, bóvedas y demás, una situación ya proclamada por la administración.

Aún más, es lamentable que se hayan perdido las historias de muchos de los habitantes de este cementerio, las cuales ahora sólo son tumbas de alguien desconocido (referente a quién fue o por qué llegó ahí). Tal es el caso de la Pirámide, ubicada en la zona vieja.

La sociedad de los dos pasados siglos está, sin duda, viva en el cementerio josefino. En cada efigie, en los ángeles, en los bellos mausoleos. Desde de los cuadrantes que conforman el total del General, los más emblemáticos, los que pertenecen al primer plano del cementerio hasta los más recientes, habitado por familias importantes, son un grupo de voces. Esa sociedad en tumbas son testigos de la historia y de la construcción nacional.

Busto de Juan Rafael Mora

Busto de Juan Rafael Mora

Es por estas razones y otras que

“Patrimonialmente el Cementerio General es el camposanto más grande y valioso del país. Al concentrar la mayor variedad de mausoleos y arte funerario de gran calidad. Por estas características el Centro de Investigación y Conservación del Patrimonio Cultural (CICOPAC), del Ministerio de Cultura y Juventud, procedió a su declaratoria oficial de patrimonio histórico arquitectónico nacional, mediante el decreto Ejecutivo Nº 28769-C del 19 de julio del 2000.” (Hernández, 2008)

Sin duda, el caso de este cementerio da para muchos paseos por la historia y data el progreso social de una población que pasó de ser una sociedad bajo dominio de un colonizador a una que comenzó a mostrar sus manifestaciones en vida libre. Sus conversaciones desde la muerte con los vivos, con aquellos que quieran mirar en donde descansa una parte cultural nacional.

Es un hogar, un barrio con vecinos e historias, a los cuales solo hay que poner atención para conocerlos.

Una lectura final del silencio

El Cementerio General de San José, es una herencia de la historia del siglo pasado y antepasado, es un logro a nivel social pues al fin se contaba con un lugar del pueblo (aunque fuera de un acceso restringido) para dar una última morada a sus seres queridos. Pero lo que lo hace tan relevante es el hermoso modo en que se mezclan las voces silenciosas, a través del panorama visual.

Uno de los méritos más sobresalientes el de ser un lugar donde han sido enterrados personajes importantes del país, desde políticos hasta empresarios influyentes, un hecho que tuvo su mayor movimiento sobretodo durante finales del siglocementerio10 XIX hasta mediados del XX. Dos épocas de suma importancia para el progreso nacional y lo social.

Relacionado a la calidad y estatus de sus moradores, cada espacio de estas moradas mortuarias tiene ostentosas obras arquitectónicas fúnebres, de artistas extranjeros y de exportación del exterior. Es por ello que desde la entrada hasta el último espacio de este cementerio se encuentran figuras artísticas, más que decoraciones, guardianes de una historia bajo sus bases de mármol.

Así, el Cementerio General de San José se ha convertido en un “museo” del arte fúnebre, la cantidad de obras que se exhibe en las diversas tumbas o bóvedas y sus motivos fúnebres son la atracción de muchos. Pero más allá de eso, conservan una parte de la historia del país dentro de su silencioso espacio. Ángeles, cristos, vírgenes, cruces y otros, son los protagonistas y encargos de ese resguardo de memorias.

Los cementerios siempre son lugares de historias sociales y culturales, cualquiera que sea su afiliación al momento y lugar, es sin duda un buen baúl para llevar los restos de una persona, cuya memoria perdura en el silencio, sin que pueda ser escuchada aparentemente.

El Cementerio General josefino no es la excepción, es un espacio que encierra historias de la población josefina de fin del siglo XIX y del XX, desde la entrada, en cada camino, en cada muro. Están las voces entrelazadas de la sociedad, en constante diálogo con los diversos aspectos de la historia del país.

De ahí que esta necrópolis se haya convertido en una ciudad más dentro de la capital, una donde sus moradores no comparten tan activamente como en su juventud, y aun así lo hacen, con todo el que quiera prestar su vista a las muestras, a las huellas culturales y sociales tan evidentes y a la vez ya pasadas por algo por ser comunes. Aunque muchas veces es por falta de tiempo, no se toma unos minutos para preguntarse por qué hay ahí.-D-wordpress-wp-content-blogs.dir-5-files_mf-cache-5fba7502d3acb4d96db144ebaecb9c01_635401962712242781

En fin, este es un sitio que se presta para interpretaciones de varias índoles, para la curiosidad de un visitante y un investigador. Las posibilidades aunque se ven limitadas, son muchas. Simplemente se debería pensar que la historia no se escribió sobre la vida, en la muerte también hay, pues la muerte representa una nueva forma de vida que convive con los vivos, antes de hacerles un espacio en su interesante polis.

 Como un apunte final, una cosa importante que se debe tener en cuenta, es que este no es el único cementerio General existente en Costa Rica. Se encuentran también un General en provincias como Cartago, donde si bien hay un arte igualmente admirable, no ha sido tan alabado como el de San José. Las cuestiones de tipo social e históricas tienen mucho que ver al respecto de esta poca “fama” (si puede decirse así), podría ser un buen tema a estudiar en alguna ocasión.


Bibliografía

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