Oficialidad y otredad desde la música costarricense: el caso del Calipso

Por: Aarón Fernández

 

Wordle: AFROCARIBEÑO

Introducción

El Calipso en Costa Rica es una música poco conocida por la mayoría de la población, aún así se continúa presentando como parte del corpus representativo de la música popular costarricense, sobre todo desde los sector

es académicos. Está concentrada en la costa atlántica del país, lugar en el que reside la mayor parte de la población afro caribeña costarricense. Llegan aquí desde fines de siglo XIX y con ellos traen toda la carga y riqueza cultural propia, diferente a la del resto del país y que desde entonces se ha visto como otra, fuera de la oficial.

“Venidos con  la esperanza de ahorrar lo suficiente para regresar a su patria, luego del término de la construcción del ferrocarril para 1890, los jamaiquinos se quedaron en territorio costarricense para trabajar las plantaciones bananeras, cuyos enclaves tuvieron su mayor apogeo durante la década de los 20 y 30 del siglo XX, de manera que ellos y sus descendientes se establecieron en la costa atlántica costarricense sin que tuvieran ninguna relación con el resto del país a causa de su religión y lengua, que los hacía diferentes y extraños para el resto del país.” (Cheng, 2008:12)
 

Adrian-Gomez-Acrilico-caribe2Tardes-merienda_LNCIMA20130421_0391_5Esta situación se mantiene en mayor o menor medida hasta el día de hoy, teniendo a la cultura vallecentralista como la oficial y representativa del carácter de lo nacional. Esto tampoco resulta ajeno a la música, pues lo establecido como popular y característico de lo nacional ha rechazado lo proveniente de la población negra y con ella, el Calipso. Es así como esta forma musical se impone como discurso de resistencia y desde la perspectiva del blanco se suele mirar desde una perspectiva más bien exótica.

La cultura que se ha dado allí, es una presencia compleja caracterizada por lo no hispano. Es la tierra del “otro”: no solo del africano, sino de todas las poblaciones que no se asimilaron a la cultura ni a la religión española” (Ratton, 2008:86)

Lo que ve la oficialidad

Desde la perspectiva de los estudios académicos han sido muchos los acercamientos a la cultura afro caribeña. Sin embargo una constante es que se tome una postura oficial, hablando más bien de exotismos y otredades. Existen voces que hablan desde adentro y que han realizado estudios de gran valor en este aspecto, como por ejemplo Quince Duncan. Específicamente en el ámbito del Calipso Manuel Monestel fue quien investigó, interpretó y llevó esta música al Valle Central, despertando un interés por estas manifestaciones al punto de que muchos compositores han grabado y distribuido su obra. Desde la academia costarricense son pocos los sectores interesados en esta música, pues resulta completamente distinta a las formas académicas, por lo que solo en pocos casos despierta verdadero interés. Compilaciones recientes, como la realizada por Otto Castro en Cartografías sonoras: del tambito al algoritmo, incluyen música que lo oficial sigue dejando de lado como el calipso o toda la gama de música electrónica y electroacústica.  Es por esto que esta investigación se basa en las formas y perspectivas que se han adoptado al aproximarse a este tema y que siempre coinciden en ver a la población  negra y sus manifestaciones como un otro, distinto.

La posición de lo nacional y oficial se verá desde Lo que se canta en Costa Rica y así se tendrá un marco de referencia con el cual se pueden contrastar las distintas nociones del ser costarricense sugeridas en el mismo. De esta forma, al final de la investigación se podrá notar cómo la voz del calipso ha sido descartada por la oficialidad nacional, convirtiéndose en un discurso de resistencia que encuentra en la tradición su fuerza y su posición de voz enmarcada y a la vez emergente. Walter Ferguson es el principal compositor y sus canciones servirán de ejemplo.

La forma del Calipso

Se dice que fue a principios de silgo XX que llegó esta forma musical a las costas de Limón, proveniente de Jamaica específicamente. Como bien se sabe, esta y otras formas musicales provienen de las inmigraciones desde África hacia todos los rincones de la costa atlántica del continente americano. Desde New Orleans hasta Montevideo se deja escuchar esta presencia.

“…el calypso fue traído a Limón por los inmigrantes antillanos, principalmente jamaiquinos, a principios de siglo XX y ha sido cultivado por músicos populares de la zona. También el calypso limonense tiene sus influencias de los músicos de Trinidad y Tobago (entre ellos Sparrow) calypsonians panameños como Lord Cobra”. (Cardona, 1990:1)}

En cuanto a su forma, el calipso presenta normalmente una métrica 2/4 y tonalidades mayores. No resulta demasiado complejo musicalmente hablando, sin embargo, esto no le resta cualidades, más bien responde a la naturaleza de lo que se busca en esta forma, una base estable y funcional para improvisar y darle la mayor importancia al texto cantado. Es muy común que se presenten progresiones de tres acordes, normalmente primero, cuarto y quinto grado, logrando un contexto muy estable en cuanto a lo armónico. Es decir, es una música muy agradable al oído por su misma naturaleza sonora. Una de las características más importantes es su letra, pues ahí radica su fuerza. d

En ocasiones se improvisa el texto, que normalmente es de carácter casi periodístico, buscando informar, denunciar o señalar desde el humor, la ironía y el juego mismo con las palabras. Es así como a pesar de asentarse sobre una métrica sencilla, las cualidades rítmicas se desarrollan, desde el mismo texto cantado. El carácter de improvisación que muchas veces lo caracteriza está muy relacionado a la vez con la idea de la libertad, que es una constante en esta música y que se extiende a todos las demás formas de música negra, como el jazz o el blues, en donde la libertad a nivel musical está íntegramente relacionada con la libertad buscada en la esfera de lo cotidiano.

“Lo que se canta en Costa Rica” y la construcción de lo oficial nacional

El libro “Lo que se canta en Costa Rica” se presenta como un compilado de letras de temas costarricenses, elaborado por Daniel Zúñiga y editado en distintas ocasiones desde 1933.  Además declarado Obra de Texto por el Ministerio de Educación Pública. Presenta himnos de instituciones públicas y educativas, marchas y canciones en general, estas últimas seleccionadas con la idea de representar los temas de los costarricenses. Básicamente recoge letras de canciones guanacastecas, himnos que hablan sobre el ser costarricense y desde una perspectiva más abarcadora la misma identidad nacional, su patriotismo y orgullo. El compendio abarca sobre todo lo producido en el Valle Central y la provincia de Guanacaste, evidenciando ser un intento de construir lo nacional y demarcar sus fronteras.  

La voz del otro

 Lo más importante en este apartado será la noción del “otro”, de la “otredad”. Desde Edmond Cross y su teoría del sujeto cultural se logra una aproximación provechosa al tema. La esfera de la cultura oficial se presenta como la capaz de determinar qué es legítimo y qué no lo es, dejando lo que es distinto en otro nivel, lejano y muchas veces abandonado. Es entonces que se determina como otro, algo diferente que por diversas razones, históricas, económicas, políticas; resulta ajeno.

 “Condenado a proyectarse con la forma de lo semejante y lo desemejante, condenado a interiorizar su “alteridad” y, por lo mismo, buscándose incesantemente a sí mismo en la medida en que, como yo decía y como no hemos dejado de verlo, la “alteridad” no puede representarse puesto que la identificación con el Otro sólo puede producirse a través de mis propios modelos discursivos producidos precisamente para expresar lo que soy, lo que sé o lo que imagino y no han sido producidos sino por eso; de ahí, su incapacidad para dar cuenta de todo lo que me es exterior y es exterior a mi universo.” (Cross, 1997:91)

 Además, desde esta teoría las identidades existen en la medida en que se diferencian de las demás y así es como también entonces las culturas se construyen. El sujeto cultural se ve atravesado por el discurso del yo, que a su vez se define desde el otro; al surgir el sujeto colectivo y la sumisión ideológica surge el concepto del otro, tal y como resulta útil en este acercamiento.

A su vez desde Bajtín se tomará la noción de las voces enmarcadas en el texto, la suma de los “yoes” que componen al ser individual y colectivo. Cada discurso está entonces atravesado por otra serie de discursos anteriores, de voces provenientes de distintos tiempos y lugares. Las voces del otro poseen también estas características, son enmarcadas y han sido atravesadas por muchos otros discursos. El Yo oficial toma al otro para definirse a sí mismo, dándose un proceso de sumisión que busca acallar la voz del otro y enfatizar su carácter deslegitimado.

El Caribe costarricense y el nacionalismo tico

            Antes de entrar propiamente al tema del Calipso se debe entender la posición que ha ocupado y que continúa ocupando como huella cultural y dentro del territorio de Costa Rica. En la primera mitad de siglo XX llega al país esta forma musical, paralelamente en la década de los treintas se publica Lo que se canta en Costa Rica. A pesar de surgir en momentos muy cercanos, ambos correrán suertes muy distintas, teniendo como trasfondo un proyecto identitario nacionalista que pretendía decir cómo es el costarricense y cuáles son sus características. Este imaginario se ve reflejado en la compilación de canciones costarricenses que aún hoy se publica y se enseña en escuelas y colegios. En la introducción del libro leemos:

lo que se canta CR“Cada pueblo tiene sus canciones infantiles, sus coros y sus himnos que reflejan el medio, recuerdan los juegos placenteros de niñez, exaltan los sentimientos patrióticos y hogareños, enaltecen la virtud… Toda esa música va formando el alma nacional”. (1980:5)

Como se mencionó anteriormente, el compilado excluye cualquier presencia de música negra o indígena. Se agrega la música guanacasteca, pero desde una perspectiva meramente folclorista, en la cual carácter anteriormente exótico se vuelve folclórico para ser una parte más del imaginario costarricense. No en vano cuando se piensa en música costarricense se suele mencionar el pasillo, el tambito, la callejera y demás formas tradicionales de la provincia de Guanacaste. La imagen del campesino se reafirma además, consolidándose por encima de la imagen del indígena o del negro. Algunos temas incluidos en la selección y que posteriormente se convierten en referentes de lo nacional son:

  • Pampa (Aníbal Reni y Jesús Bonilla)
  • Punto Guanacasteco
  • Caña Dulce (Salas Pérez y J. Daniel Zúñiga)
  • Guaria Morada (Carlos López y Roberto Gutierrez)

Además se presenta una colección de letras de himnos de instituciones educativas, todas pertenecientes al área del Valle Central. No es casualidad que cerca de estos años Yolanda Oreamuno mencione en su ensayo “Mitos tropicales”, que la idea de la blanquitud es una de las varias que el costarricense integra a su imaginario nacional, según ella Costa Rica es un país con mujeres hermosas y gente blanca. La letra de la canción Así es Costa Rica de Alcides Prado ejemplifica esto:

“De nuestra virgen, nuestra negrita
tenemos siempre la protección
y las mujeres de Costa Rica
como Ella, buenas y bellas son.
Viva mi patria, la más hermosa
que a los turistas sabe hechizar
con la belleza de sus mujers
que arranca a el alma dulce cantar”

 El hecho de que esta compilación de canciones presente las características descritas responde solamente a la intención de establecer una imagen homogénea del tico. Aunado a esto se puede ver otra intención, la de demarcar el territorio de lo tico, establecer fronteras imaginarias que sirvan para delimitar dónde empieza y dónde acaba la cultura del costarricense.

guana

El sector que queda fuera es el de la provincia de Limón, mismo que contiene la mayor población negra e indígena del país. La tradición oral y la música de estas zonas queda entonces fuera del mapa de la música costarricense, convirtiéndose en otra forma que la cultura legitimada usa para seguir aislando estas poblaciones. Es por ello que al pensar en un tico se suele asociar a la imagen del campesino que baila el Punto Guanacasteco y no al indígena o al negro que canta calipsos.

Paralelamente a esto en la década de los cuarentas el Calipso es ya una forma establecida en las costas de Limón. Desde estos años esta forma musical y otras como la rumba han permanecido allí, sin realmente propagarse en el interior del territorio costarricense. Como casi toda la música negra que llega al continente americano, el carácter de resistencia impregna al Calipso y funciona como un mecanismo de conservación de la identidad. Curiosamente, el Calipso no es una música que lo haga desde el enfrentamiento, sin decirlo directamente se posiciona en un lugar que resiste a desaparecer o a identificarse a sí mismo como distinto del otro.

“La primera antes que ser una razón fue una condición, pues son producciones que vienen de la Alteridad: la condición de ser otro, no la oficialidad, sino lo otro. De esta forma surge el planteamiento de que la producción afrolimonense se da dentro de una estructura del conflicto, con lo que se trona válida la idea de una producción en la resistencia. En efecto, la producción afrolimonense es una producción de resistencia, resistencia a la desigualdad”: (Meza. 2010:133) 

Exotismo y (o) tradición

Es por todo lo anterior que existen dos posiciones desde las cuales se puede ver el Calipso en el país, una desde adentro, desde la misma población negra que se ha encargado de que esta huella permanezca viva y la otra desde el costarricense del interior del país, que se ha visto inmerso en medio de la sumisión ideológica propia de la cultura legitimada; ambas perspectivas funcionan desde distintas ópticas.

“El paso diacrónico de lo popular y de lo tradicional por los distintos sectores de la clase social, su interpretación en cada uno de esos ámbitos y su uso correspondiente dentro de la estructura de poder, hacen que esos conceptos no sean únicos ni estáticos, y menos patrimonio exclusivo de un determinado sector social”. (Monestel, 2008:84)

“Lo que se canta en Costa Rica” ha servido para ilustrar la posición que el país generó hacia sectores como el indígena o el negro, a quienes prácticamente invisibiliza y sitúa fuera del mapa imaginario de Costa Rica. El discurso nacionalista que lo impregna que se dirige ni se refiere al negro, se direcciona más bien hacia el mito de la Costa Rica blanca, que parece mantenerse hoy día. 

Guanacaste y su música se convierten en música de todo el país, pues se toman y se folclorizan en favor del proyecto nacionalista que legitima la figura del campesinado, la campaña del 56 y los héroes nacionales, el traje típico, la carreta, los bueyes, el tico pacífico, amable, y demás rasgos de ese imaginario nacional que se viene construyendo desde hace más de un siglo. Es así como un producto anteriormente exótico, deja de serlo gracias a la esfera legitimada y legitimadora de la cultura costarricense, para pasar a ser parte del constructo identitario del tico.

Por otra parte, el Calipso no se puede ubicar dentro de la esfera legitimada, ninguna manifestación afrolimonense entra allí, como tampoco las indígenas. Pareciera situarse a la periferia, desde donde se establece como una voz emergente. Este concepto es clave para esta forma musical, al igual que el carnaval, la canción resulta un espacio que resiste a la cultura oficial y que lo hace desde la tradición.ferguson

 Walter Gavitt Ferguson es el compositor e intérprete de Calipso más importante de la costa atlántica costarricense, hay quienes dicen que incluso este calificativo se extiende a toda la región del Caribe. Desde la primera mitad de siglo XX y hasta la actualidad se ha encargado de trabajar con el Calipso. En su canción “One pant man (hombre de un solo pantalón)” se hace referencia a una situación muy común cerca de la década de los cincuentas en Limón, momento en el que los afro caribeños no contaban como ciudadanos del país ni poseían los derechos de los mismos. 

“Cierta mujer me llamó hombre de un solo pantalón
Yo no debería estar en esta sociedad
Llamándome a mí mismo calipsero
Dijo que me iba a echar del país.
Sí, me llamó hombre de un solo pantalón
No sé, hermano, no sé
Lo que he hecho a esta mujer malvada
Yo sólo canto mi dulce Calipso
Dijo que me iba a echar del país.
Ella se quejó a la autoridad
Diciéndoles que yo era un extranjero
Vinieron con soldados y artillería
Exigiéndome enseñarles mi cédula.
Ella fue a llamar a la policía
Diciéndoles que yo hacía contrabando
Cuando el gobierno vino a verme
Tuvieron que dejar en paz al calipsero”. 
 

Surgen también ciertos estereotipos en esta letra, como la referencia a la pobreza del calipsero, siendo alguien que tiene solamente un pantalón, y que además es problemático, fabrica contrabando y ni siquiera es costarricense, es extranjero en un sentido muy peyorativo. Como ya se dijo anteriormente, la letra no es un ataque directo al sistema dominante, más bien habla de lo que pasa en la otredad negra, se posiciona desde allí sin atacar o criticar de forma directa al blanco. 

Es una música de ellos y para ellos en cierta forma, partiendo del hecho mismo de que no se acostumbra cantar en español, sino en inglés, igual que al momento de su llegada desde Jamaica. Las temáticas mismas son muy limonenses por ejemplo “Callallo”, que es quizás el tema más conocido de Walter Ferguson, hace referencia a una planta propia de las costas del Caribe y que tiene aplicaciones medicinales.

Otro tema que sirve como ejemplo para este trabajo es “Canchis Canchis”, realizado como una parodia y mostrando lo que pasa en Limón incluso en el área de la música y la identidad.

“Everybody dancing canchis canchis night and day
Old and young canchis canchis
Everybody dancing the canchis canchis.
They want no calypso
They no want no stupidness
Calypsonian get the blow
For everybody dancing tha canchis canchis.”

El elemento del humor y la ironía es muy propio de las letras del Calipso, como se puede apreciar. Se toma como referente un tema del Valle Central y se parodia, sirviendo además de filtro para que el calipsonian logre narrar todo lo que está pasando a su alrededor, que se está viendo aún más dominado por la cultura oficial. El Calipso es entonces una huella de la tradición para ellos, un rasgo identitario, una herramienta propia, en su propio idioma y sobre todo una voz de resistencia, que no se deja doblegar ante la presión de la estructura de poder.

Desde la cultura legitimada nacional hay dos formas de ver al Caribe y su música. Una que la ignora por completo, la desconoce del todo y otra que sí se acerca a ella, pero desde una perspectiva exoticista, pues resulta tan ajeno y es ya común hacerlo de esta forma.

“…la proyección del calypso como canto popular costarricense, es recibido de soslayo por los sectores de la cultura oficial. Tales esfuerzos les resultan interesantes como ejercicio antropológico, objeto de estudio, muestra de museo, pero en ningún caso como componente de la música que se identifica como nacional, ni como elemento vivo y dinámico de la identidad nacional”. (Monestel, 2008:86)

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Es entonces que esta cultura oficial pasa a nombrar, sin decirlo abiertamente, al negro y sus tradiciones artísticas y culturales como una otredad distinta de la oficial. El otro es más bien una pieza de museo, una particularmente exótica que no termina nunca de integrarse por completo a la esfera de lo nacional. En tanto se mantenga como otro no la hará. 

Conclusiones

El Calipso sin duda es una voz emergente que se convierte en una forma de resistir a la cultura oficial y su potencial imposición. Es así como desde el arte y la música tradicional la población negra costarricense encuentra una forma de arraigar sus características identitarias, propias y diferenciadoras. Sus letras logran todo esto sin decirlo abiertamente, a diferencia de mucha música que ataca directamente al sistema de poder, convirtiéndose así en una música muy interesante a nivel estético.

El oficialismo se mantiene definiendo al Caribe y su arte como otro, si se hace algún acercamiento no deja de ser meramente académico o exótico, parece entonces que las fronteras imaginarias que se trazaran en el mapa del territorio nacional con la publicación de “Lo que se canta en Costa Rica” siguen vigentes. Sin embargo, no quiere decir que el otro no tenga su voz, su carnaval o su rumba, todas esas voces enmarcadas por la cultura oficial están ahí, reinventándose a sí mismas y definiéndose.

“La cultura de la región Caribe empieza a despertar un interés, desde la perspectiva de integración identitaria, y a ser reconocida más allá de un simple exotismo doméstico, hasta muy recientemente.” (Ratton, 2008:86) 

Bibliografía

  • Castro, Otto. (2008)  Cartografías sonoras: del tambito al algoritmo. Ediciones Perro Azul,San José Costa Rica.
  • Chen, Jorge. (2008) Los avatares del sujeto afro-caribeño en la narrativa costarricense: de Cocorí a Calypso. En: revista Kañina de artes y letras, Universidad de Costa Rica. 
  • Cross, E. (2003) El sujeto cultural, Sociocrítica y psicoanálisis. Medellin: EAFIT.
  • Kühn de Anta, Francoise. (2006)  Walter Ferguson “El rey de Calipso”. EUNED San José, Costa Rica.
  • Meza, Gerardo. Sonidos Mágicos (2010) (Cultura-afrolimonense). Editorial Librería Alma Mater San José, Costa Rica.
  • Zúñiga, Daniel. (1980) Lo que se canta en Costa Rica. Librería Universal San José, Costa Rica.
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