El lenguaje como frontera identitaria: el espejismo de un Ideal Yo. Análisis de fragmentos de las Concherías de Aquileo Echeverria.

Por María Magdalena Álvarez Malo Durón

Wordle: aquileo identidad

“El lenguaje sólo es posible porque cada locutor se sitúa como sujeto refiriéndose a sí mismo como yo en su discurso. Por ello, yo sitúa a otra persona, a aquélla que, por exterior que sea a <<ego>>, se vuelve mi eco al que le digo y me dice tú. (…) Polaridad por lo demás muy singular en sí y que presenta un tipo de oposición cuyo equivalente no se encuentra en ningún otro ámbito fuera del lenguaje. Esta polaridad no significa ni igualdad ni simetría: <<ego>> conserva siempre una posición de trascendencia con respecto a tú; con todo, ninguno de los dos términos se concibe sin el otro; ambos son complementarios pero según una oposición <<interior/exterior>>, y al mismo tiempo son irreversibles.”

Emile Benveniste.

Magdalena en términos generales está bien , pero tiene que reordenarlo-

Introdución  Ya está  pero no en su lugar              Profe, pero la primera parte es mi introducción… lo de “El lenguaje como texto cultural”

Antecedentes 

Justificación 

comprende : Enfoque (Cros ) lenguaje e identidad , cultur

No vi las premisas, a partir de ellas se pone la hipótesis, (ya está ) y los objetivos        Profe, según yo las premisas eran las que iban saliendo a partir de analizar los argumentos… 

Desarrollo que ya está 

conclusiones 

Las citas  en muchos casos están muy extensas y no las analiza o comenta , siempre tiene que consignar las fuentes  y uniformemente .

Cada segmento lo pone con titulos sugestivos del contenido , y cambie la pregunta. 

Saludos  va muy bien 

El lenguaje como texto cultural

Un “texto cultural”, desde la visión de Edmond Cros, es comprendido como un tejido, cuyas fibras entrelazadas generan un objeto de lectura. En palabras de él mismo, dice que el texto cultural “no posee verdadera vida autónoma. No existe más que reproducido en un objeto cultural con la forma de una organización semiótica subyacente que sólo se manifiesta fragmentariamente en el texto emergido, a través de huellas imperceptibles, fugaces, susceptibles de un análisis sintomático en cierto modo. Su funcionamiento viene a ser como el del enigma: es enigma en sí y marca en el texto un enigma”.

Es posible asumir al lenguaje como uno de los textos culturales mayormente empleado en la sociedad, el cual, además, posee diversas huellas y sintomatologías analizables. Como tal, es importante la observación de sus coyunturas, de modo que se conozca de dónde provienen algunas concepciones respecto a quiénes se les considera que “hablan bien”.

ola ke ase -cultoEn el caso del presente trabajo, el lenguaje será visto como un texto cultural objeto

la-lengua-popularde relectura, desde la óptica de las teorías del “sujeto cultural” de Edmond Cros. Posteriormente, se expondrán algunos fragmentos de textos costumbristas de  Concherías, cuyo autor es Aquileo Echeverria. Lo anterior porque sus textos evidencian la existencia de una intencional frontera identitaria por medio de dos lenguajes: el culto frente al popular.

Literatura costumbrista como discurso emergente


La literatura costumbrista tiene su origen en los antiguos romances que fueron transmitidos oralmente. Es hasta el siglo XV cuando estos romances son escritos, además, los poetas comenzaron a interesarse por el género popular. En el siglo XVI, cuando ya había sido incorporada dicha poesía popular por la poesía culta, se publican amplias colecciones de poemas del estilo popular (Esquivel, 2000: 39).

El costumbrismo puede rastrearse, entonces, desde los inicios de la literatura española, aunque se torna en género independiente en el siglo XIV. Este género literario fue muy común en Hispanoamérica. Se popularizó en México, Perú, Chile, Cuba, Colombia, Venezuela y en Centroamérica. “En Costa Rica fue un género muy vigoroso”. (Esquivel, 2000: 120, 121) Además, el costumbrismo, “tanto en España como en Hispanoamérica emerge con características satíricas y críticas, pero al ir evolucionando se vuelve más descriptivo y menos didáctico”. (Esquivel, ibid)

bocasEl Costumbrismo refleja el cotidiano, además de que también “afirma la nacionalidad a pesar de la imitación de los modelos españoles y franceses, porque se constituirá en el medio de crítica y enfoque de la realidad nacional” (Esquivel, ibid) ya lo político se funde en el costumbrismo como discurso de resistencia, emergiendo con “características satíricas y críticas puesto que “constituía el ataque crítico, mordaz, sarcástico, hacia lo que no se podía afrontar abiertamente”(Esquivel, ibid).

Se dice de los escritores costumbristas que “describían una sociedad en transición: persistían moldes y usos coloniales en las clases altas, pero la independencia puso de manifiesto (…) la desigualdad social que algunos de los relatos costumbristas satirizaban”. (Esquivel, 2000:122)

Una de las características de la literatura costumbrista, según Olga Picado (Esquivel, 2000: 17), es la de querer retratar la realidad o “hacerla parecer verdad”.En palabras de Olga Picado (Esquivel, ibid): “La poética del costumbrismo se sustenta precisamente en la ilusión de referencialidad, en la ilusión de transparencia del lenguaje (…) pretende que el lector asuma el discurso como cierto por ser copia de un mundo externo a él”.

Como consecuencia de los mecanismos retratistas y pictográficos del Costumbrismo, “la memoria del autor costumbrista se convierte, de ese modo en una especie de archivo comunitario”. (Esquivel, ibid)

Además, otra de las características que conciernen al presente análisis y que son atribuidas a los escritores de este estilo es:

idnt “el lenguaje vernáculo que, según algunos, permite la identificación con el campesino” (Esquivel, 2000:20)No obstante, habrá que preguntarse: ¿hasta qué punto permite la identificación con el campesino y hasta dónde genera, más bien, la alienación como efecto de lo ya mencionado por el espejo y el narcisismo de un ideal Yo?

En Costa Rica, durante la segunda mitad del siglo XIX, se vislumbra el Costumbrismo. Como es de esperarse, la tradición académica europea reacciona ante esta nueva propuesta: “El gusto por lo popular, por lo propio, encuentra su oponente: la literatura nacionalista académica”. (Esquivel, 2000: 123) La construcción de esta literatura en la cultura costarricense, estuvo regida por mecanismos sociopolíticos e ideológicos que fueron evidenciados, tales como: “los intereses clasistas y la exclusión de serios conflictos sociales, la realidad del campesinado, la segregación de la mujer, la insalubridad, la pérdida de las pequeñas parcelas, la concentración de las tierras en unas pocas manos, el enclave bananero”. (Esquivel, 2000: 150)

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Resulta imprescindible reconocer que aunque el costumbrismo ofrece, como Esquivel menciona (2000:123) “color local, fragmentarismo y popularismo” también se orientan hacia dos direcciones: en primer lugar, la sátira y la reforma; y en segundo, la descripción amena y llena de humor, de tipos y costumbres. (Esquivel, ibid).

Por último, es completamente pertinente retomar algunas de las características del costumbrismo, especialmente, aquellas que jkdcompeten a este análisis, las cuales son la existencia de: un tono irónico, eclipsamiento de temas según lo deseado por el autor, exaltación de lo típico de un pueblo, escogimiento de estratos urbanos y el campesinado, rechazo a lo excesivo de la idiosincrasia propia. (Esquivel, 2000: 124).

El lenguaje y su importancia en la construcción del sujeto cultural

El lenguaje ha sido abordado desde numerosas perspectivas: ontológicas, lingüísticas, filosóficas, sociales; entre otras. Sin embargo, el presente trabajo provee un enfoque de análisis, como ya se dijo, basado en Edmond Cros y su descripción sobre el sujeto cultural, porque como Cros (1997:10) menciona retomando palabras de Althusser acerca de la cultura como una idea que no es abstracta, sino que además “la cultura no posee existencia ideal, sólo existe a través de sus manifestaciones concretas (…) el lenguaje y las diversas prácticas discursivas”.

lenguaje

Si bien, la cultura involucra diversas manifestaciones concretas, el lenguaje es pilar fundamental al respecto. Incluso, el lenguaje es inherente al hombre. Como decía Cros (1997:11):“(…) por medio del lenguaje es como el hombre se constituye en tanto que sujeto”.

Por ello, resulta necesario analizarlo, ya que es uno de los determinantes que trazan la identidad de un grupo, pues forma parte significativa en la herencia cultural “al ser el uso lingüístico patrimonio común de todas las personas (…)”(Tusón, A., 1997:17), además de que “la gente tiene ideas, opiniones y creencias sobre lo que es hablar (…)”(ibid). Más adelante, la autora menciona que ese “hablar” tratará de ser un “hablar bien”, procurando acercarse lo mayormente posible a la modalidad escrita, cuestión que analizaremos posteriormente. Lo anterior, forma parte importante de la visión que cada individuo tendrá respecto de sí mismo y de los demás, en relación al uso del lenguaje; es decir, respecto a su identidad cultural como usuario de la lengua.

Se eligieron los textos de Concherías cuyo autor es Aquileo Echeverria, aunque retoman el habla popular, es precisamente desde un punto de vista de lo cotidiano que podemos palpar las creencias vívidas y expresas de los sujetos. Tal expresión de lo cotidiano se percibe en el hecho de que Aquileo retrata las conversaciones del campesino.

En sí misma, la conversación es un objeto de estudio observado por diversas corrientes como: la psicología, la antropología, la sociología, la ciencia cognitiva, la filosofía y la lingüística; porque estas disciplinas “(…) han visto en el uso cotidiano de la lengua un objeto de estudio de pleno derecho, ineludible si se quiere entender cómo funcionan las personas tanto desde un punto de vista individual como desde un punto de vista social o cultural”. (Tusón, A. ,1997: 13)

Por lo cual, el costarricense también conserva una posición dentro de la estructura social, situándolo a él y su forma de hablar como objeto de estudio, y por ello, como un texto cultural.  Además, la concepción que el costarricense tiene respecto al uso adecuado de la lengua,-y por adecuado, entiéndase como lo “correcto” desde el punto de vista gramatical o la visión prescriptivista del lenguaje-, es parte de una construcción ideológica cultural, puesto que “toda sociedad se reconoce a sí misma por medio de un imaginario social”. (Castoriadis 1975, Chartier 1996). No se trata de hacer a un lado la gramaticalidad, ni de relativizarla, sino de reinterpretar lo que culturalmente está diciéndose entre líneas; es decir, reinterpretar los efectos sociales de lo que esta visión “perfectolingüista” provoca entre los sujetos y su identidad.

identidadEs importante mencionar la realidad acerca de que  “Toda comunidad de sujetos actúa en función de instituciones que son creadas por ellos mismos y que tienen la capacidad de determinar la praxis de las personas. Así, por ejemplo, instituciones (…) pueden ser comprendidas como órdenes simbólicos que reglamentan la vida cotidiana – sobre todo mediante la educación, la socialización y la formación de aparatos coercitivos –, hasta llegar a ser considerados como reales y legítimos por la sociedad.” (Moreno y Rovira, 2009:4)

En otras palabras, la educación como aparato coercitivo, -cuya orden simbólica se traslada a reglamentar la vida cotidiana en el lenguaje-, ha logrado, además, determinar también la praxis lingüística respecto a la concepción divisoria entre  “el hablar bien” o “el hablar mal”.

Desde la teoría de Edmond Crosel-sujeto-cult

Edmond Cros (1997: 9) define la cultura como “el espacio ideológico cuya función objetiva consiste en enraizar una colectividad en la conciencia de su propia identidad”.

Cros otorga una característica fundamental a la cultura, la cual, él considera que consiste en el ser específica. Al respecto, Cros (1997:9) menciona que

la cultura sólo existe en la medida en que se diferencia de las otras y sus límites vienen señalados por un sistema de indicios de diferenciación, cualesquiera que sean las divisiones y la tipología adoptadas (culturales nacionales, regionales, de clase, etc.).”

Precisamente, es el uso del lenguaje uno de los posibles indicios de diferenciación. Se puede ver lo anterior, en los diversos grupos sociales y las jergas que cada uno de ellos emplea, como huella de pertenencia a una comunidad de habla específica, y a su vez, como indicador de distanciamiento. En relación al presente trabajo, el lenguaje culto es adoptado por la cultura dominante como un indicio o estrategia diferenciadora frente a la cultura no legitimada, en la cual, existe una preferencia por el uso popular de la lengua, es decir, no necesariamente apegado a la norma lingüística.

Como ya se mencionó, la educación es una institución que reglamenta la legitimidad de la praxis en la vida cotidiana de los Identidad Subjetividad2 Osterindividuos. En relación a esto, se puede retomar la explicación de Cros (1997:9) respecto a la cultura y su funcionamiento: “La cultura funciona como una memoria colectiva que sirve de referencia (…) vivida oficialmente como guardiana de continuidad y garante de la fidelidad que el sujeto colectivo debe observar para con la imagen de  sí mismo que de este modo recibe”.

Ahora bien, ¿En qué consiste la Real Academia Española como institución? ¿No es precisamente una de sus funciones la de fungir como una memoria colectiva? ¿No es también el servicio de tal memoria el de ser una referencia a la sociedad? Siendo así, los individuos podrán vivir oficialmente al lenguaje, convirtiéndose entonces en una guardiana de continuidad y garante de la fidelidad que el hablante ha de observar para con la imagen de sí mismo? Es, precisamente, la visión prescriptiva la que domina el funcionamiento del lenguaje como elemento legitimado de la cultura.

¿Qué pasa si un individuo no pronuncia las palabras como ésta u otras Academias prescriptivistas exigen? Sencillamente, la persona es tachada como ignorante, no estudiado y hasta inculto… ¿“sin cultura” ? ¿No nos trae esta situación de vuelta a lo que ya Cros decía acerca de la cultura? Que ésta no posee existencia ideal, sino que sólo existe “a través de sus manifestaciones concretas” y como ya se mencionaba, una de ellas es el lenguaje, pero el segundo es “un conjunto de instituciones y prácticas sociales” (Cros, 1997:10) Es decir, que si no se habla como la Real Academia dice, entonces es juzgado de “inculto” o “ignorante”. Lo anterior, propiciará un ambiente de discriminación entre el modo de hablar, a su vez, el proceso de la segregación tomará su rumbo también.

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Cros: el sujeto cultural, su alienación y el ideal del Yo.

Cros (1997:9), al hablar acerca del sujeto cultural, designa cuatro elementos que están implicados:

  1. Una instancia de discurso ocupada por Yo
  2. La emergencia y el funcionamiento de una subjetividad
  3. Un sujeto colectivo
  4. Un proceso de sumisión ideológica

Posteriormente, Cros detalla cada uno de estos elementos, los cuales se relacionan unos con otros. Él retoma a Jacques Lacan, Althusser, Bourdieu, Benveniste, entre otros, para explicar su teoría respecto al sujeto cultural.

Para el presente trabajo, compete rescatar que “El sujeto cultural es, pues, un avatar ideológico”. (Cros, 1997:12) Es decir, el sujeto cultural se encuentra posicionado como objeto de constante cambio, el cual, según explica él mismo, se va interiorizando en el Ego y la subjetividad. La subjetividad es “conminada a sumergirse” en la representación colectiva que “la aliena”. (Cros, 1997:9)

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Simultáneamente, el sujeto cultural “es el agente de esta alienación (…) opera no sólo en y por el lenguaje sino también en y por el discurso”. (Cros, 1997:11)

Según Cros (1997:15), uno de los responsables de la división del sujeto, y de su alienación es el orden significante. Explica la razón de la siguiente manera: “Ello se debe a una propiedad específica del lenguaje que opera una escisión entre la realidad y aquello que la representa. El signo convoca la realidad y la realidad se desvanece en el signo en beneficio de su representación”. Es decir, hay una alusión hacia la función simbólica del lenguaje como herramienta “icónica” de la realidad.

Lo anterior, también sucede con el sujeto cultural, que “sólo figura en su propio discurso al precio de una escisión entre lo que sería la autenticidad de su ser y el símbolo que lo representa”. Es decir, la concepción del sujeto cultural, como lo explica él mismo, depende de la interiorización subjetiva e individual; condicionada por la apropiación del “discurso apropiado por el Yo”.

Más adelante, Cros explica, retomando lo que dice del narcisismo y de la fase del espejo, menciona que la “identificación imaginaria” constituye una parte en la estructura del Ego, de acuerdo a Lacan. Acerca de él, menciona que “el Ego es únicamente el producto de la captación imaginaria que caracteriza al narcisismo”(Cros, 1997:19). Esto significa que en la fase del espejo, “el Ego se forma a partir de la imagen del otro, es una concentración de imágenes expedidas por el otro”(ibid). No debería extrañar a nadie, entonces, que el discurso dominante expresado por las Academias se haya empoderado de la concepción que muchos tienen respecto de la forma “correcta” de hablar, debido a todas las imágenes expedidas por “el otro”. En otras palabras, el Ego, quien se expresará posteriormente en el sujeto cultural como parte del discurso apropiado en el Yo,  es producto de la captación imaginaria que otros proyectan como modelo para expresarse en lo cotidiano “perfectolingüísticamente”.

El sujeto cultural, como espacio proyectado de identificación, “se fundamenta en un modo específico de relaciones entre el sujeto y los otros”. (Cros, 1997:18), además menciona que a pesar de que el sujeto cultural se construye en el espacio psíquico individual, no deben dejarse de lado “fenómenos colectivos que, en el marco de prácticas institucionales, modelizan uniformemente a los participantes”. (ibid) Esto manifiesta la influencia real de Academias y otras estructuras coercitivas que estandarizan al lenguaje.

Con respecto al lenguaje y el sujeto cultural, Cros explica: “La noción de sujeto cultural forma parte ante todo de la problemática de la apropiación del lenguaje en sus relaciones con la formación de la subjetividad por una parte, y con procesos de socialización por otra”.

Por lo anterior, Cros permite vislumbrar la repercusión en el comportamiento del sujeto cultural frente a lo que prescribe su identidad:

El sujeto no se identifica con el modelo cultural, al contrario; es ese modelo cultural lo que le hace emerger como sujeto. El agente de la identificación es la cultura, no el sujeto. Al sujeto no le queda más salida que identificarse cada vez más con los diferentes lugares-tenientes que lo presentifican en su discurso”. (Cros, 1997:18)

En otras palabras, “la cultura es un bien simbólico colectivo que existe precisamente porque es compartido colectivamente” (Cros 1997:10). Sin embargo, existen divergencias que corresponden únicamente a variaciones en el momento de apropiarse de la cultura como bien simbólico. Es decir, una mayor o menor adecuación de los modelos de comportamiento y de los esquemas de pensamiento que le son propuestas, lo cual, Cros (ibid) considera que reproduce, indudablemente, las diferencias de clase. 

Lo mencionado, permite comprender por qué existen tan variadas formas de expresión y entonaciones entre los grupos sociales (hombres, mujeres, tribus urbanas), incluso entre las generaciones (niños, adolescentes, jóvenes, adultos). Se trata de una apropiación de la cultura de manera individualizada, de acuerdo a los modelos propuestos. En palabras de Cros (1997:10), aunque el sujeto cultural es “una instancia que integra a todos los individuos de la misma colectividad” donde a su vez los coloca en alguna posición de clase, esto dependerá de cómo “cada una de esas clases sociales se apropian ese bien colectivo de maneras diversas”.  

Sin embargo, Cros plantea también un efecto del sujeto cultural, que es el de un “advenimiento del sujeto y de su alienación por un ya aquí ideológico, inscrito tanto en las prácticas sociales e institucionales como en el lenguaje”. (Cros 1997:10)

Ya se mencionaba la captación imaginaria del narcisismo. Es importante retomar lo que Cros decía, -explicando la teoría de Jacques Lacan-, respecto de la imagen idealizada en el espejo:

La imagen del niño en el espejo y la imagen del otro constituyen una sola instancia, el Yo ideal. El niño ve su imagen completa en el espejo, cuando, hasta ese momento, se ha sentido como un cuerpo fragmentado y no ha alcanzado todavía el control de su cuerpo. Esta premaduración es la causa de su alienación imaginaria por la imagen ideal de sí mismo que prepara su posterior identificación con el semejante, con la imagen del otro, que encarna el control del cuerpo y la realización de su propio deseo”.

Es rescatable mencionar que dicha imagen, la cual se percibe fragmentada, causa un alienación imaginaria por el intento de alcanzar aquella imagen del otro que pretende lanzarlo al cuadro de la identidad con el semejante. Sin embargo, es también cuando surge, contradictoriamente, una “rivalidad especular, vivida como una situación de enfrentamiento” que como explica Cros, -igualmente, retomando a Lacan-, suscita una terrible agresividad, la cual “desemboca en el deseo de la desaparición del otro”.   

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La hipótesis del presente trabajo, consiste en que así como existe el ideal del Yo, también existe un ideal del Yo expreso en el lenguaje, es decir, una idealización del lenguaje, un “perfectolingüístico Yo” que buscará posicionarse en la oralidad. Lamentablemente, este espejismo del “perfectolingüístico Yo”, conduce a la desaparición del otro por causa de la rivalidad que surge, como ya decía Lacan (Cros, 1997: 20), como un enfrentamiento de esa imagen alterada en el espejo, donde se estará “proyectando en él el avatar de la imagen narcisista, la cual, debido al efecto jubiloso de su encuentro en el espejo, se convierte al enfrentarse con el semejante en el vertedero de la más íntima agresividad”.

Respecto al ideal del Yo, es importante mencionar que “Sólo el ideal del Yo puede regular las relaciones entre el ego y el ego ideal. Ahora bien, este ideal del Yo está formado por la interiorización de los rasgos simbólicos inscritos en la cultura, es decir, por la integración de la instancia que yo llamo sujeto cultural”. (Cros, 1997:20). Nuevamente, se trata de la interiorización o apropiación de la cultura y sus elementos.

Por último, se puede decir que el lenguaje, el Ego y el sujeto cultural tienen una estrecha relación y dependencia. “Mientras que el lenguaje, el Yo, (…) inviste las formas vacías de la red de la enunciación en la formación del Ego, el sujeto cultural, (…) viene a moldearse en la representación inconsciente y ya aquí de otro”. (Cros 1997:21) Es decir, es innegable la función identitaria del lenguaje en el sujeto cultural.

El ideal del Yo perfectolingüista: una contradicción.

En la actualidad, es común escuchar que tal persona “no sabe hablar bien”. Sin embargo, no es habitual que se escuchen lamentos y se derramen lágrimas colosales por un sufrimiento inasible por el hecho de que el español es una forma vulgarizada del latín, ni mucho menos existe, de manera general, una consciencia acerca de los procesos de cambio por los que el romance tuvo que atravesar para convertirse en el español que conocemos.  La filología se encarga de explicar dichos cambios y tal cambio filológicovez sea de ellos de quienes se escuchen tales alaridos dramáticos. Sin embargo, no es frecuente, por ejemplo, pensar en una persona (que no sea filóloga) que reflexionando después de una ardua búsqueda al respecto, diga: “¡Pero qué ignorante soy!, apenas me voy enterando de que la palabra laborar y labrar referían a la misma acción en la época en la que se conformaba la lengua romance…” (Y se podrían colocar infinidad de palabras que en algún momento significaron lo mismo, pero que por diversos factores sufrieron un cambio morfológico, fonético o léxico).

No obstante, se piensa actualmente que son dos palabras completamente distintas y que no tienen una relación tan cercana. Aunquecondena linguistica su apariencia morfológica indica huellas a seguir, la lexicalización (o la pereza) no siempre permiten encontrar un rastreo transparente de las palabras y su cambio. ¿No es esto una contradicción? ¿No es un tanto absurdo penalizar el “mal” empleo de las palabras, cuando se es ignorante acerca del origen de las mismas? ¿No seremos eternamente ignorantes al respecto? ¿O quién ha podido reconstruir por completo aquella lengua madre que originó todas las lenguas en el mundo? ¿Por qué, entonces, la jactancia acerca de la “perfectolingüística” forma de pronunciar las palabras?

Tales modificaciones en el latín, se dieron como consecuencia de la lejanía geográfica y las divergencias que poco a poco se gestaban. Antes de que sucedieran las lenguas romances, el latín se encontraba en un constante cambio, ineludible, pero aún era inteligible como ya se mencionaba el caso de la palabra “laborar” y “labrar”. Lo mismo sucede con el español actualmente: sufre modificaciones por diversos factores, entre ellos, la geografía, de lo cual la sociolingüística se encarga de estudiar. A continuación un video que ilustra muy bien la variabilidad del español, muestra evidente del proceso cambiante en la lengua, ya que en la medida en la que el lenguaje se encuentra en labios de diversos usuarios, éste será mutable y variado también:

Por otra parte, existe la tendencia de atribuirle la función de lo escrito a la oralidad (y viceversa también sucede), por ello la palabra “mal” estaba entre comillas, puesto que ese “mal” uso al que suelen referir las personas, tiende a ser por el tipo de estructura oracional que se realizó o por su pronunciación. Sin embargo, se olvida el hecho de que la oralidad jamás podrá ser tan excelentemente cuidada como lo es el lenguaje escrito. Son dos códigos distintos. Uno no debe pretender (aunque podría) usar intachablemente el lenguaje en la oralidad.

Tusón (1997:12) menciona el hecho de que la escritura posee prestigio social, como ella misma cita “Verba volant, scripta manent” (las palabras vuelan, lo escrito permanece). ¿No será entonces que por tal prestigio existe la tendencia a menospreciar el habla de otros? Además, Tusón explica cómo esa valoración superior hacia la escritura, sigue formando parte de nuestra ideología lingüística, la cual adjudicamos a los usos orales y escritos.

Lo anterior resulta pertinente para el presente trabajo, puesto que como ya se mencionó, Tusón habla de que las personas creen que “hablar bien” consiste en acercarse más a las formas de expresión de lo escrito. Sin embargo, Tusón (1997:17) explica cómo esa creencia ha sido extendida y promovida por algunos académicos y educadores que “consideran que el uso oral está lleno de <<vicios>>, <<desviaciones>> o <<errores>>”. En otras palabras, es evidente la influencia del discurso dominante por parte de la educación formal como aparato coercitivo.

Curiosamente, sucede lo mismo al escribir: muchos pretenden escribir como se expresan en el habla cotidiana.

Sin embargo, como

factoides.com.arbien dice Tusón “Tanto una posición como la otra, por muy respetables que puedan ser, no representan más que una vana ilusión. Ni se puede escribir como se habla ni se puede hablar como se escribe”. Esta creencia es como un espejismo. (Tusón, 1997:17)

Tampoco se trata de ignorar las reglas. Como ya se decía, este trabajo pretende únicamente dar un nuevo enfoque cultural a este hecho y analizarlo a partir del sujeto cultural. Sin embargo, es evidente el hecho de que existe una fuerte tendencia a generar la expectativa de que las expresiones sean tan cabalmente planeadas como lo es el lenguaje escrito, sea para ser comprendido (leído) o para ser producido (escrito).

Además, Tusón explica cómo en el habla, “al compartir el mismo contexto espacial y temporal y por estar presentes, cara a cara, los interlocutores no tienen que hacer una referencia léxica explícita al tiempo y al lugar en los que están hablando y que toman como punto de referencia”.

Posteriormente, Tusón argumenta que tal situación explica por qué el empleo abundante de deícticos durante la conversación, ya que, como ella retoma a Blecua (Tusón:1997:21), son piezas lingüísticas  “ligadas al momento de la enunciación”. Es decir, que los deixideixisvariados deícticos (espaciales, personales, temporales) utilizados son completamente naturales en una conversación. A veces, parecería que la utilización tan excesiva de elementos como los mencionados, es absurda, pero en realidad, tiene su explicación desde el análisis conversacional por parte de la pragmática lingüística.

Además, Tusón explica cómo es inofensivo utilizar palabras sencillas durante un intercambio comunicativo: “Los participantes, para poder conversar, parten de un cierto conocimiento compartido, lo que les permite utilizar palabras con poco contenido léxico como eso, cosa, hecho, problema, etcétera. Repeticiones, paráfrasis, deícticos, hiperónimos o comodines contribuyen a configurar algo específicamente característico del uso oral: la baja densidad léxica”(Tusón, ibid).

Lo anterior, podría explicarse, sencillamente porque el lenguaje, según Pons (1973:1), a pesar de tener diversas acepciones, es entendido como “(…) un conjunto sistemático de signos que permiten un cierto tipo de comunicación”. Es decir, una de las funciones primordiales del lenguaje es la de permitir la comunicación.

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Por su parte, las capacidades metalingüísticas son lo que “permiten al usuario de la lengua reflexionar sobre la misma, de manera independiente de su comprensión y su producción” (Owens, 2003:356). Posiblemente, es el desarrollo de esta capacidad lo que delimita la visión respecto a la normatividad de la lengua. Ya que eso permite generar “intuiciones lingüísticas” que condicionan “la aceptabilidad gramatical de una oración.” (Owens,ibid). Dicho autor está explicando el desarrollo del lenguaje durante los años escolares, no obstante, es rescatable el hecho de que esta capacidad “se desarrolla progresivamente” (Owens, ibíd). Además, una de las funciones de estas habilidades, es mencionada por Owens (2003:357), de la siguiente manera: “Las habilidades metalingüísticas permiten (…) descontextualizar y fragmentar el material lingüístico”. Aludiendo, además, que existe una relación entre las capacidades de fragmentación y la habilidad lectora. (Owens, ibíd.)

La tendencia ya mencionada, resulta ser un factor que repercute en el sujeto cultural, puesto que la visión que se tiene acerca de sí mismo, será influenciada por el discurso dominante que la educación formal provee al enseñar a los individuos cómo deben hablar y escribir.

“(…) lo esencial de esta distinción u oposición: la lengua, en tanto se opone al habla, está constituida por el sistema de signos como una especie de entidad separada(…)independiente de la realización que implica el hecho de emplear la lengua, oralmente o por escrito. Esta dualidad se basa en la famosa dicotomía de Saussure langue-parole(…)” (Pons,1973:3). A pesar de que la radical dualidad es conocida por un precedente de años considerables, muchos aún siguen atribuyéndole a la lengua oral características que no está obligada a tener. Se trata de un dogma ingenuo de creer que sabe, ignorando que desconoce.

Es precisamente el código escrito, el cual está prescrito a la intervención social, como menciona Tusón (1997:27) “lo demuestra la existencia de ortografías, libros de estilo, gramáticas normativas e incluso, de instituciones sociales, como las Academias, RAEencargadas de fijar las normas de uso”.

w-raiz¿No es similar esta definición a la de Cros al decir que la cultura, como espacio ideológico, buscará enraizar su memoria para preservar su identidad? Sin embargo, es precisamente esa tendencia, la que origina la marginación hacia el lenguaje popular.

Lo anterior permite reconocer el hecho de que el código escrito, -ligado al discurso dominante-, “no distingue entre variantes dialectales (por lo menos en el plano fonético), ya que está en pecuíntima relación con lo que se considera la variedad estándar de una lengua”. Por lo tanto, si existe la tendencia de atribuir al lenguaje oral, las normas estándares de lo escrito, naturalmente vendrá dicha diferenciación y marginación según el tipo de pronunciación o empleo de palabras que tengamos en el cotidiano.  Curiosamente, las variantes dialectales actúan como diferenciadores socioculturales, no es de sorprenderse el que la pronunciación de las palabras también funja como herramienta diferenciadora.

El legado de Aquileo J. Echeverria: Concherías y la imagen del campesino.

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“Aquileo J. Echeverria es considerado como el creador de la poesía popular costarricense por sus Concherías” (Esquivel, 2000:38) Echeverria escribió una compilación de textos poéticos, como ya se dijo, con tendencia costumbrista. Lo anterior, retomaría conversaciones de lenguaje que se utilizaba de manera cotidiana.

¿Por qué el habla resulta analizable a partir de los poemas de Aquileo? Porque, como decía Octavio Paz (1972), acerca del lugar que ocupa tanto el habla como el poema: “El habla, el lenguaje social, se concentra en el poema, se articula y levanta. El poema es lenguaje erguido.” (1972:36)

 Este mismo escritor mexicano reconoce que el poema se nutre del “lenguaje vivo de una comunidad” así como de sus mitos, sueños y pasiones. Además, el poeta considera que en el poema, existe un enfrentamiento entre la sociedad, los fundamentos de su ser y su palabra original.

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Más adelante dice: “Algunos poetas creen que un simple cambio verbal basta para reconciliar poema y lenguaje social. Unos resucitan el folklore; otros se apoyan en el habla coloquial.” En el caso de los textos de Aquileo, quien se apoyó en el habla coloquial, se podrá encontrar un lugar conveniente, donde se concentra el lenguaje social, el reflejo de la identidad costarricense (¿o alienante?), donde la interiorización de los rasgos simbólicos de la cultura están inscritos por una integración del sujeto cultural a partir del habla o lenguaje coloquial.  

Ahora bien, ¿qué significa la palabra “conchería”. Darío, quien escribió el Prólogo en Concherías, retoma las palabras de Brenes Mesén, escritor costarriqueño, y explica que esta palabra “es bien inteligible para los nacionales”. Que se le llama “concho” al campesino o al aldeano. “Por lo tanto, una conchería es una acción, o una expresión propia de un campesino”.

Esquivel, retoma un comentario: “Todas las Concherías, el nombre lo dice, llevan en sí un pedazo del alma del campesinado de Costa Rica. Ellas, con su lenguaje un poco anticuado, con la sencillez de la forma, con la dulzura de los sentimientos que expresan (…)” no obstante se reconoce una dulzura, no se deja de lado la percepción de un lenguaje “anticuado”.

Es a partir de la poesía que Aquileo escribe una herramienta que esboza el espejismo de un ideal Yo, de un ideal Yo perfectolingüista, ya que es precisamente a través de ello que Aquileo determina “una fuerte distancia entre un narrador culto y un campesino inculto”. (Esquivel, 2000: 20).

A continuación, se proporcionan algunos fragmentos de textos poéticos de Aquileo. Se invita al lector a divisarlos a partir de una óptica consciente de que “El humor es una de las armas mayores de la poesía.” (Paz, 1972:48)

Probablemente, Aquileo sabía lo anterior, y más si consideramos que el costumbrismo poseía un tono irónico, satírico y lleno de humor. Se agregaron negritas a las palabras que manifiestan un cierto grado de ridiculización al habla campesina.

Fragmento de “La vela de un angelito” (Echeverria, 2002: 6)

Alguien grita: ¡bomba!, ¡bomba!
Párase al punto la orquesta
y un mozo de buena estampa
así dice a su mozuela:
“Como mi almuhada es de paja
y mi novia no está vieja,
toda la noche la paso
con la paja tras la oreja.”
(…)
– ¡Vivan ñor José y Grabiela!
– ¡Vivan los dueños de casa!
– ¡Otro trago pa l’orquesta”!
– ¡Música “mestro, y arréle”
que ya encontré compañera!
– ¡Oh “viejito tan asiao”!
– ¡Que viva yó y mi pareja!
– ¡Que viva!
 

Dado que las identidades se construyen a partir de la apropiación cultura, lo cual, según Giménez (2005) tiene una función diferenciadora y contrastiva en relación con otros sujetos. Consecuentemente, se provoca una negación por parte de los usuarios que tienden al lenguaje culto frente a los que muestran preferencia al lenguaje popular, o indiferencia por el culto. Tal negación surge ya a partir del establecimiento del lenguaje culto como prestigio u ostentación social. ¿Qué mejor ocasión para expresar lo anterior a través de este texto que evidencia una pronunciación “anticuada”, precisamente, mientras se interactua en la vida cotidiana?
Aquileo, en el siguiente texto, deja ver un poco la imagen que construye acerca de los mozos o campesinos (agrego color a los elementos que conforman dicho perfil en este fragmento):

Cuatro filazos

“Ambos son de alma templada,

mozos ambos y fornidos;

(…)

Tristes son sus pensamientos,

pero marchan decididos,

porque los hombres valientes

no suelen ser reflexivos.

Una vez que al campo llegan

y ya puestos en el sitio,

tiran chaqueta y sombrero

campesino

Respecto a la diferencia entre el pueblo de la época de Aquileo y un campesino de 1946, Ibarra (1946: 47) decía para su tiempo que ya podían notarse aspectos diferentes, tales como el las influencias extranjeras en el traje típico de la campesina, la indumentaria del mozo también cambió para ese tiempo “luciendo pantalones bombachos de múltiples pliegues que lo empobrecen tanto como lo ridiculizan”(Ibarra, 1946: 48). Además, menciona esta autora que, para ese tiempo, la música folklórica “algo genuino de nuestro campesino, la que no sabemos por qué causas se traslucía un sentimiento de tristeza que no lo caracteriza: el tono que imprimía a sus canciones era muy melancólico”(ibid).

Así, pues, cada una de las características funge como “categorizadores” que Aquileo utilizó para determinar el perfil del mozo.

(…) según los diferentes contextos, algunas de estas pertenencias pueden tener mayor relieve y visibilidad que otras. Así, por ejemplo, para un indígena mexicano su pertenencia étnica –frecuentemente delatada por el color de su piel- es más importante que su estatuto de clase (…)”. (Giménez, 2005)

Tal como sucede en el caso del indígena mexicano, ocurre con el campesino y su habla que es delatado por ella.

En el fragmento previo de Aquileo, puede apreciarse revela algunas características acerca del  perfil de un mozo o campesino. ¿No son éstas, indicios de diferenciación que Aquileo expone abiertamente? ¿No estará funcionando el campo como una colectividad territorializada, de la cual Aquileo buscaba distanciarse y alienarse?

Andaluzadas ticas (Echeverria, 2002: 11-12)

Nuevamente, se agrega color, esta vez a las palabras que posiblemente indican una alienación intencional del sujeto cultural.

(…)
– Qué va pa nido, en un ira:
una en la rama de abajo
dos en la rama de arriba.
– ¿Y acertó a darle a las tres?
– ¡En la pura coronilla!
– Ja ja ja.
– ¿De qué te ris?
Lo que digo no es mentira.
– Pero hombre, no puede ser,
sólo que por gran chiripa…
– Nada d’eso; ese jusil
tiene su cosa malina.. .
Una vez en la Suncíón
andábamos por l’orilla
(…)
di’ahi a ladrar y ladrar,
 (…)
Por más que abrimos los ojos
ninguna cueva se vía.
 

Modelo epistolar (Echeverria, 2002: 15, 17, 19)

“Estimada Domitila:
cojo la pluma en mis manos
tan sólo pa noticiale
(…)
estrené nuevo uniforme,
y una varilla me han dao
como isinia del destino,
y el sueldillo me aumentaron;
hora gano un peso diez
y no salgo a los mandaos,
(…)
un peso aonde los Campos,
cuando no onde los Quesadas
u aonde Rosendo Alfaro.
(…)
y había que vese a palitos
pa que estuvieran asiaos;
(…)
que tenga muchos cuidaos
con el mestro, porque sé
que ese patas es un malo,
(…)
lo mesmo que a los muchachos,
y no me olvide, que yo
me paso en usté pensando.
(…)
Posdata
Perdone los dos borrones,
pero jue que me meniaron.
Como respuesta, en la parte II del mismo:
Mi querido Pedro Vindas:
cojo la pluma en la mano
pa contestale su carta,
que con salú nos ha ‘llao;
(…)
De ayer pacá se levanta,
unque no sale del cuarto.
(…)
¡Ojalá no salga macho!
Mano Jacinto y Grabiel
(…)
quién sabe si a l’hora de hora

Diálogo (Echeverria, 2002: 23, 27)

– ¿Y lo jallaste muerto?…
– No, tuavía resollaba;
pero con una angustia,
(…)
¡Era tan bueno el probe!…
– Requetebueno, Inacia.
Pero, a mí ¿quién me quita
que me haga tanta falta?,
Tengo como congoja,
tengo como unas ganas
como de no meniame
y estar acurrucada,
sin que naide me viera,
sin que naide me hablara(…)

Como algunos ejemplos de fenómenos lingüísticos en los textos, de manera común, se perciben metátesis (consiste en el cambio de lugar de los sonidos dentro de la palabra, atraídos o repelidos unos por otros), como en “naide” en vez de “nadie”, de “Grabiel(a)” en vez de “Gabriel(a)”, de “probe” en vez de “pobre”. Este proceso de metátesis sucedió con otras palabras, durante la historia del castellano, palabras como “murciélago”, que antes era “murciégalo”. Además, existe la tendencia de los diptongos a elidirse alguna vocal o a debilitarse la vocal débil, en el caso de “mestro”, se elidió la “a” (maestro). También es evidente la tendencia de los clusters (cuando hay consonantes juntas) de modificarse, como en “Inacia” (se eliminó la “g” de Ignacia).

Por su parte, Darío retoma las palabras de Brenes Mesén, donde se elaboran explicaciones filológicas pertinentes: “No se da bien disecado en un diccionario, sino viviente, tibio, como si se tomase de los labios mismos del pueblo. La transcripción se ajusta, tanto como es posible para no chocar demasiado con los hábitos existentes, a la verdadera pronunciación popular. (…) Las palabras que los gramáticos han condenado como impropias, son con frecuencia arcaísmo, y en todo caso se nos ofrece la oportunidad de ver que las leyes fonéticas que prescindieron a la formación de la lengua castellana, siguen ejercitando su influencia a través de la distancia y los siglos. Si desde época anteclásica vemos qufilologia-5e la (r) final de los infinitivos se asimila a la (l) delante de los sufijos, y así lo observamos en concherías, necesario será concluir que la vida de nuestra lengua posee una pujanza extraordinaria, y que allí donde se encuentra la libertad de hacerlos, se desarrolla tan fuerte como en los primeros años de su aparición en la península Ibérica. Entre vocales la sincopa de la (d) fue ley constante, y así subsiste en nuestro lenguaje popular,que la suprime indefectiblemente en los participios de la primera conjugación. La elisión de la (o) y de la (e) delante de palabras que principian por vocal, también las observaron los castellanos, y es ley dominante en la lengua tica y americana en general.” (Prólogo en Las Concherías) 

Al ignorar lo anterior, más bien, surge un conflicto de identidad porque las palabras dejan de ser elementos familiares, esto debido a que“(…) cuando las palabras se corrompen y los significados se vuelven inciertos, el sentido de nuestros actos y de nuestras obras palabratambién es inseguro. Las cosas se apoyan en sus nombres y viceversa.” (Paz, 1972:29) Entonces, podríamos pensar que una de las razones por las que emerge la insistente idealización del lenguaje, ese Ideal Yo perfectolingüista proviene de evitar que los significados se vuelvan inciertos y que por lo tanto, las obras también; lo mismo que podría atribuírsele a esto mismo, la consecuente alienación y distanciamiento del Yo hacia el otro. ¿No será que se está buscando enraizar la conciencia colectiva, a partir de aferrarse del uso culto de la lengua, como un mecanismo para salvaguardar la propia identidad?

En otras palabras, si las personas conocieran que, en realidad, aquello que llaman “no saber hablar bien” es solamente el producto de historicidad en la lengua, con arcaísmos, leyes fonéticas que influyeron, tales como: la asimilación de la “l” ante la “r” del infinitivo, etcétera, probablemente no se le juzgaría con tantdenaa con a la lengua popular.

Conclusiones

El presente trabajo, no exige a los sujetos que se desprendan del perseguir una mejora en su propio modo de expresarse, ya que hacerlo apropiadamente tiene  ventajas, en los términos de Owens: “apropiado, porque se seleccionan las expresiones más 

aprobación social: ostentaciónadecuadas a la dinámica psicosocial de la situación comunicativa”. (Owens, 268). Por su parte, es evidente la necesidad de hablar lo más adecuado para la situación comunicativa y el mejorar la capacidad metalingüística. Por otra parte, sin embargo, no es necesario generar un discurso que margine el habla de otros, ni que el lenguaje sea utilizado como herramienta de ostentación social, ya que es precisamente la aprobación, lo que orilla a los sujetos a buscar dicha posesión lingüística.

También podemos pensar que la variación del habla, depende de la apropiación del bien simbólico de la cultura, por lo que se generarán distintos estilos, de acuerdo a dicha interiorización. Cros (1997: 13) refiere las palabras de Benvenise: “ciertos procedimientos típicos de la subjetividad manifestada en el discurso (…) se trata de los procedimientos estilísticos del discurso”.

Considerando nuevamente el concepto de cultura, según Cros: “La cultura (…)guardiana de la continuidad y garante de la fidelidad que el sujeto colectivo debe observar (…) La historia la presenta, sin embargo, como el producto de tensiones políticas y de contradicciones ideológicas, sin límites estables, modificados incesantemente por nuevas tensiones sociales o históricas que desembocan en remodelados fundamentales o en abjuraciones”. (Cros, 1997:9). Es importante resaltar el hecho de que dice que es el producto histórico cuyos límites son inestables, modificados incesantemente por diversos factores de naturaleza social e histórica y que inevitablemente, desembocarán en remodelados, es decir, en algún tipo de innovación. Así funciona el lenguaje: siempre se encuentra en proceso de creación y re-creación.

Por lo anterior, “(…)la cultura no debe entenderse nunca como un repertorio homogéneo, estático e inmodificable de significados. Por el contrario, puede tener a la vez “zonas de estabilidad y persistencia” y “zonas de movilidad” y cambio. Algunos de sus sectores pueden estar sometidos a fuerzas centrípetas que le confieran mayor solidez, vigor y vitalidad, mientras que otros sectores pueden obedecer a tendencias centrífugas que los tornan, por ejemplo,  más cambiantes y poco estables en las personas, inmotivados, contextualmente limitados y muy poco compartidos por la gente dentro de una sociedad.” (Giménez, 2005)

Por otra parte, es considerable el hecho de que si un sujeto cultural fuera tan “culto” y “aprendido” como se proclama por haber recibido Educación Formal, el cual es homogeizante, se debería también ser consciente del lenguaje como un elemento inacabado, propiedad que es inherente a cualquier otro proceso humano, ya que está sujeto a transformación. En palabras de Roca-Pons inacabado(1973:2): “(…)los signos lingüísticos son esencialmente arbitrarios —o sea, no responden necesariamente a la naturaleza de las ideas o cosas significativas— y están sujetos a cambios, como todas las instituciones humanas, en el proceso dinámico de la historia.”

Existen muchas lenguas que no tienen un sistema de escritura, lo cual podría influir en la conformación de su consciencia metalingüística. Tusón, citando a Halliday (1997:18), deja vislumbrar la realidad acerca de que la lengua ha sido utilizada oralmente por la humanidad el 99.5% de su historia, al contrario de la grafía. Eso podría explicar por qué  el habla resulta tan imperfecta, si se le compara con la pulcritud de la escritura. Podríamos decir que, en realidad, esto demuestra que la lengua ha sido empoderada por el discurso dominante, sin embargo los discursos de resistencia se perciben en lo cotidiano, expresos por medio de la imperfección del habla, desperfecto que es indiscutiblemente natural en una conversación.

Por otro lado, aunque el lenguaje oral refleja el desarrollo de la capacidad metalingüística de cada individuo, no es admisible ignorar el hecho de que no es más que una visión dominante o grafocéntrica. Y que aunque es una característica deseable, jamás ha sido el principal objetivo de la conversación el ostentar un perfeccionamiento, que como ya se dijo, es una ilusión.  Es de suma importancia, tener presente cuando uno se encuentra en una conversación cotidiana, “es habitual que abunden las repeticiones, las paráfrasis que contribuyen a asegurar, a través de la redundancia, que la información se procesa adecuadamente”(Tusón, 1997:21).

Recordemos que la expresión mínima del habla es la conversación, la cual aunque es compleja, ya que posee en sí misma mecanismos para lograr un intercambio verbal (Tusón 1997:31). Esa es la finalidad de conversar: lograr un verdadero intercambio. Sin embargo, comunicarse en el lenguaje oral como si fuera un libro abierto (más apegado al código escrito), no asegura la intento de diálogocomunicación eficaz con otra persona. Hablar gramaticalmente correcto, no asegura la cooperación del interlocutor o su disposición para llevar a cabo un  intercambio comunicativo exitoso, así como tampoco asegura una posible negociación entre ambos.

Un claro ejemplo de lo anterior, se ve en el primer minuto del siguiente video. Nótese que el empleo de las oraciones es gramaticalmente correcto, no obstante, es complicado lograr un intercambio verbal exitoso ya que uno de ellos no estuvo dispuesto a cooperar. Aunque, originalmente,en el video se ilustra la función de los actos de habla indirectos, los cuales se emplean a veces de forma cortés para solicitar información, según explica la pragmática. No obstante, lo que interesa para el presente trabajo, es notar que el hecho de hablar correctamente, no es sinónimo de comunicación.

Es evidente que ni hablar de una manera culta puede asegurar una eficaz y acertada comunicación; así como tampoco hablar de manera popular el impedirlo. El asunto es que si el lenguaje intenta conciliar la interacción social, se trata más bien de qué tanto se genera o no un intercambio comunicativo. Ya que, en realidad, el lenguaje oral es tomado por los hablantes “para hacer –hablando­- todo aquello que necesitan y que existe el uso de la palabra” (Tusón, 1997:19)

reflejo-en-el-espejo“En términos interaccionistas diríamos que nuestra identidad es una ‘identidad de espejo’ (looking glass self:), es decir, que ella resulta de cómo nos vemos y cómo nos ven los demás. Este proceso no es estático sino dinámico y cambiante”. (Giménez, 2005).

Como lo decía también Edmond Cros, respecto a la imagen del Yo ideal, aunque futurobajo el concepto de alienación imaginaria por la imagen ideal de sí mismo. Así, el lenguaje suspendido en estos términos, quedará plasmado en un espejo, cuya mirada en retrospección no indicará una permanencia, sino una eludible metamorfosis que deviene en el trazado no estático del mañana, el cual, ningún sujeto cultural podrá evitar.

Bibliografía

  1. Cros, Edmond.  1997.  El sujeto cultural: sociocrítica y psicoanálisis.  Ediciones Corregidor: Buenos Aires, Argentina.
  2. Echeverria, Aquileo. (2012). Concherías. Editorial Digital Imprenta Nacional: Costa Rica.
  3. Esquivel, Ana P. (2000). “Revisitando el costumbrismo: un enfoque cronotípico de los textos de Magón y Aquileo”. Editorial Ciudad universitaria Rodrigo Facio: San José, Costa Rica.
  4. Darío, Rubén. “El poeta de Costa Rica” (prólogo en “Concherías” de Aquileo). Extraído el 18/11/2013 desde http://www.lectorias.com/aquileoecheverria.html
  5. Giménez, G. (2005). “La cultura como identidad y la identidad como cultura”, 3er Encuentro Internacional de Promotores y Gestores Culturales, Guadalajara, 2005. Instituto de Investigaciones Sociales de la UNAM. Extraído el 18/11/2013 desde https://huellasculturales11.wordpress.com/cultura-e-identidad-lectura-obligatoria/
  6. Ibarra, B. Georgina (1946). “Aquileo J. Echeverria. Estudio crítico biográfico”. Editorial Trejos Hermanos: San José, Costa Rica.
  7. Owens, R. E. Jr. (2003). “Desarrollo del lenguaje”. Pearson- Prentice Hall. 5ª ed.: Madrid.
  8. Paz, Octavio. (1972) “El lenguaje” en El arco y la lira, Editorial FCE: México.
  9. Rovira, C; Moreno, C. (2009). “Imaginarios: Desarrollo y aplicaciones de un concepto crecientemente utilizado en las Ciencias Sociales”.  Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo Dirección Regional para América Latina y el Caribe. Extraído el 18/11/2013 desde http://www.revistahumanum.org/revista/wp-content/uploads/2012/02/08_RPPLAC_HD.pdf
  10. Roca-Pons J. (1973). “La esencia del lenguaje”. en El lenguaje. Teide: Barcelona. p. 1-6
  1. Tusón V., A. (1997). “Análisis de la conversación”. Ariel, S.A.: Barcelona.


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